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Dirigentes Mapuche y Consorcio TICCA solicitan se incorpore la gobernanza indígena y someta a consulta proyecto de ley que crea el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas

Por: Lorena Arce, Coordinadora Cono Sur, Consorcio TICCA

Representantes de organizaciones mapuche y de derechos humanos –integrantes del Consorcio TICCA en Chile– acudieron el martes 23 de septiembre ante la Comisión de Medio Ambiente y Bienes Nacionales del Senado, a exponer sus planteamientos y críticas al proyecto de ley que crea el Servicio de Biodiversidad y el nuevo Sistema Nacional de Áreas Protegidas, donde se ha excluido la participación de los pueblos indígenas. Los representantes dieron a conocer distintas directrices internacionales que hoy respaldan sus derechos y reconocen los aportes de los pueblos indígenas a la conservación, señalando que no han sido considerados por este proyecto de ley. Destacaron también la ausencia de consulta previa frente a una iniciativa que debió ser consultada con los pueblos en su etapa pre-legislativa, tal como lo establece el Convenio 169 de la OIT. Así señalaron que el proyecto adolece “de problemas de forma y fondo”.

Entre las críticas al proyecto de ley señalaron que este no recoge las visiones actuales de la conservación sobre la gobernanza –reconocidos por organismos como la UICN y el CDB– donde se señala la importancia de considerar la diversidad de tipos de gobernanza de áreas protegidas, entre las que se encuentra la de los pueblos indígenas y comunidades locales, siendo esta distinta a la gobernanza privada.

Como ejemplos aplicables, se dieron a conocer importantes experiencias desarrolladas por comunidades y organizaciones indígenas en Chile. Joaquín Meliñir, a nombre de la Comunidad Quinquén, compuesta por 52 familias mapuche pehuenche en la Araucanía andina, destacó que “la comunidad ha hecho significativos aportes a la conservación cultural y la biodiversidad, como un corredor biológico que es parte de la reserva de la biosfera de la Araucaria y que hemos ayudado a preservar, entre otras cosas porque su fruto, el piñón, da forma a nuestra existencia como comunidad y nuestros modos de vida tradicionales, frenando con ello la llegada de las forestales a este territorio y logrando la protección la araucaria”.