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Las contribuciones de los territorios de vida en el contexto del Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal

Malena Oliva, Luciana Porter Bolland y Albert Chan D´zul, miembros honorarios del Consorcio TICCA, realizaron una importante reflexión sobre las contribuciones de la conservación comunitaria y los territorios de vida en el escenario global de la conservación, así como sobre las amenazas y oportunidades para el Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal (MMB-KM)

First published on 03/10/2026, and last updated on 03/27/2026

Por Malena Oliva, Luciana Porter Bolland y Albert Chan D´zul


Aunque se han realizado esfuerzos para lograr una conservación más inclusiva y equitativa, sigue existiendo un sesgo hacia la superficie en la consecución de los objetivos de conservación, lo que amenaza a los Pueblos Indígenas y a las Comunidades Locales (PICL). Por primera vez, la nueva política de conservación, a través de su Meta 3, que pretende proteger el 30 % del planeta mediante la gobernanza equitativa y el respeto pleno a los derechos de los PICL, reconoce explícitamente los territorios indígenas y tradicionales como una vía —la tercera vía— para la conservación, junto con las áreas protegidas (AP) y las otras medidas efectivas de conservación basadas en áreas (OMEC).

Sin embargo, existe la preocupación de que esta tercera vía no sea considerada de facto, y, en consecuencia, se omita el reconocimiento de la contribución de los territorios y las áreas conservados por los PICL, conocidos como TICCA o territorios de vida, al escenario global de la conservación y se perpetúen así transgresiones a los derechos humanos. En este artículo[1] reflexionamos sobre el papel de los territorios de vida en dicho escenario, así como las amenazas y oportunidades que el nuevo Marco Mundial de Biodiversidad (MMB) y su Meta 3 pueden suponer para ellos.

Gráficos propios realizados por las autoras

Según diversas investigaciones, el 31 % de la superficie terrestre es conservada por los PICL y la existencia de los territorios de vida, lo que constituye una de las principales contribuciones de estos últimos a la conservación global. Por sí solos, alcanzan —e incluso superan— la meta del 30 %. Además, cabe resaltar que más del 50 % de las AP y las OMEC se superponen con estos territorios.

El impacto de los territorios de vida en la Meta 3, sin embargo, van más allá de su superficie —un sesgo que ha predominado en las políticas de conservación—. Su aporte abarca aspectos sociales de la conservación, como la gobernanza, los derechos humanos y la superación de la división sociedad-naturaleza, elementos que han sido señalados como desafíos persistentes al hablar de la conservación de la biodiversidad. Los territorios de vida ofrecen diversos modelos de gobernanza equitativa, que, al mismo tiempo, buscan asegurar los medios de vida de las poblaciones custodias de la biodiversidad.

Gráficos propios realizados por las autoras

No obstante, la Meta 3 también plantea importantes amenazas que hay que considerar y que englobamos en cuatro aspectos: 1) una implementación parcial de la meta que deje de lado la tercera vía y la gobernanza equitativa (como lo evidencia su indicador principal, que las excluye); 2) la presión por establecer nuevas AP y OMEC en el afán de alcanzar el 30 % de la superficie, a costa de los derechos de los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales; 3) la falta de reconocimiento de los derechos de los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales; y 4) la falta del reconocimiento de los aportes que actualmente realizan los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales a la conservación.

En su conjunto, estas amenazas pueden llevar a replicar un énfasis hacia la superficie en la conservación, relegando aspectos de la gobernanza equitativa y la efectividad de manejo, y dando lugar a violaciones de derechos humanos, a la perpetuación de la acumulación por conservación, a la pérdida de territorios actualmente conservados y a la erosión o el debilitamiento de los conocimientos asociados a los territorios y la biodiversidad.

Gráficos propios realizados por las autoras

Resaltamos que el nuevo MMBKM y su Meta 3 abren dos oportunidades: la adopción de un enfoque basado en los derechos humanos y el reconocimiento de los aportes a la conservación que realizan los territorios indígenas y tradicionales. Está en juego cómo se aterriza su implementación desde las políticas internacionales, regionales y locales. Sin embargo, los datos son contundentes: el 31 % de la superficie terrestre ya es conservada por PICL gracias a la gestión de sus territorios de vida. Su reconocimiento oficial, a través de la tercera vía, sería la forma más efectiva de impulsar una conservación basada en los derechos humanos, en la que se conserve la biodiversidad y sus custodios mantengan medios de vida dignos en concordancia con sus territorios.

Nota: Si desean leer la versión en inglés del artículo, pueden solicitárselo a Malena Oliva al correo electrónico: malenaoliva@iecologia.unam.mx