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Recuperando Instrumentos Ancestrales: Un Acto Político y Filosófico-Espiritual

Por Lucas Quintupuray, Miembro del Consejo del Consorcio TICCA con responsabilidad especial para el Cono Sur, incluido el sur de Brasil.

 

Mapuche ta iñchiñ feyta Wallmapu mülepalu
Somos Mapuche y habitamos el Wallmapu

Nuestro Pueblo-Nación Mapuche habita en las tierras que se encuentran al sur de Latinoamérica. Las latitudes de nuestro territorio ancestral, Wallmapu, son delimitadas por los mares, pu fütxa lafken, hoy llamados océanos Atlántico y Pacífico. Al igual que los demás Pueblos preexistentes a los Estados Nacionales modernos, contamos con nuestra propia identidad milenaria, inseparable de nuestra cosmovisión, lengua y sistema organizativo ancestral. Nuestros ancestros han sabido habitar y recorrer estos territorios de vida del cual somos parte, donde somos una energía más. Al igual que ellos seguimos sosteniendo que nuestro territorio, el Wallmapu, no reconoce las fronteras impuestas que buscan convencer a la población que la Cordillera de los Andes es un límite o frontera, cuando nosotros sabemos que es un camino o rüpü. Con la llegada de los españoles y las persecuciones por parte de los Estados en formación de Chile y Argentina, esos bosques, montañas y paisajes, han sido lugar de resguardo para las comunidades que con dignidad resistieron la conquista, logrando que el territorio se mantuviera soberano hasta finales del siglo XIX.

Genocidio e historias de resistencia

El fin del territorio como soberano ocurrió en manos de la llamada “Conquista del Desierto” en el sector que hoy se nombra como argentino, y la “Pacificación de la Araucanía” en la parte del territorio que hoy se conoce como Chile. Estas dos campañas o evento crítico que desestructuró nuestras vidas y comunidades nosotros lo llamamos genocidio; en tanto fue premeditado, intencional, separó familias de sus niños, tuvo concentraciones de nuestra gente prisionera en distintos territorios en Patagonia y Buenos Aires y llevó a la muerte de muchos de nuestros ancestros. Así comenzó la pérdida del territorio y el idioma, de las formas de vida y organización social y política. Las abuelas y abuelos no dejaron que nos olvidemos de estos tiempos, pero a la vez, para evitar a las generaciones que venían la persecución y opresión, nos negaron parte de nuestros conocimientos, nuestra gente ocultó su identidad, como una decisión consciente y una forma de autodefensa.

Mujer tocando el kultxüg©Taiñ Füchakecheyem

En aquellos relatos de los tiempos difíciles, nuestros mayores nos transmitieron como supieron sobrevivir los tiempos de guerra a pesar de las dificultades que enfrentaron. Es por eso que nosotros también supimos cómo reconocer los indicios de nuestra historia y cultura, que nuestros mayores nos dejaron: palabras en nuestra lengua, costumbres o formas de vivir, comidas tradicionales que se compartían, formas de habitar tüfachi mapu mew (en esta tierra). Algunos, hasta hemos mantenido nombres de nuestras familias, hoy apellidos, todas estas huellas que aún perduran en el territorio, nos abrieron camino. Las mismas nos fueron entregadas como pequeñas migajas de pan que con el tiempo devinieron en la formulación de preguntas, la búsqueda de respuestas y la recuperación de lo que nos fue negado. Muchos de los jóvenes o nuevas generaciones fuimos conscientes de nuestro origen, y al encontrarnos huérfanos de algunos conocimientos, contando solo con estas migajas pusimos en práctica lo transmitido y lo que fuimos aprendiendo en el camino pese a las dificultades que enfrentamos en nuestras cotidianidades, decidimos alimentar nuestro püllü o espíritu que busca volver al ser mapuche.

Los jóvenes y la recuperación: pu ayekawe (instrumentos)

Nosotros los jóvenes decimos: “nuestros ancestros se manifiestan en nosotros”. Así, hemos emprendido un levantamiento que se replicó en todos los puntos de nuestro Wallmapu o territorio ancestral. Vamos aprendiendo y replicando lo que nos enseñan entre pares, reconociéndonos al levantar nuestra wenufoye o bandera mapuche, creada por la militancia que nos precede en los años 90, símbolo que nos ha unificado y destacado como Pueblo-Nación. A través de la misma, hacemos explícito nuestro ser mapuche, hablamos de nuestros asuntos culturales, filosóficos y espirituales, distinguiéndonos de los recientes Estados Nacionales. No somos argentinos, tampoco chilenos: mapuche ta iñchiñ, somos mapuche, gente de la tierra. Así cada joven mapuche en la actualidad se levanta, aprende sobre su pueblo, transmite y visibiliza lo que somos, desde donde se encuentre, trabajamos de distintas maneras, pero sin perder el objetivo que nos guía, el seguir permaneciendo como Pueblo.

Hombre tocando el Txutxuka. ©Taiñ Füchakecheyem

Iñche ta Lucas Kintupuray pigey, Logko tañi lof mew. Küpan Lof Correntoso lafken mew, tüfa mew müley tañi ruka ka tañi tuwün tañi kupalme (Mi nombre es Lucas Kintupuray, soy líder de mi comunidad que está en el Lago Correntoso, allí está mi casa, mi origen, de dónde desciendo). Como joven trabajo en mi Lof recuperando instrumentos ancestrales.

Estos son de gran necesidad para muchos mapuches que con o sin territorio se levantan en todo Wallmapu (territorio ancestral), para quienes habitan la necesidad de utilizarlos como una forma entre otras, de alimentar lo espiritual. Sin embargo, también es un acto político y filosófico-cultural ya que, en cada toque, se manifiesta que seguimos vivos, que nuestros futakeche yem (ancestros) siguen en nosotros. Este rol me llevó a indagar sobre la construcción de dichos instrumentos encontrándome con muchas dificultades para aprender ya que, como consecuencia del genocidio y la persecución, nuestro pueblo es muy cauteloso en transmitir este küzaw o actividad. También podemos llamar secuela este fenómeno.

Sin embargo, sigo poniendo fuerza para mejorar mis trabajos, reconociendo grandes avances y orientado a generar satisfacción para mis hermanos y hermanas que me contactan de muchos puntos. Estos instrumentos los acompañan en los levantamientos de ceremonias, en los nuevos caminos a los que los lleva su transitar como mapuche en los contextos a los que nos enfrentamos en la actualidad, en su vuelta o recuperación del territorio y/o del idioma, en su afirmación de su identidad. Es por esto que les comparto algunos de nuestros instrumentos, nuestro arte milenario, nuestra historia.

La construcción de estos instrumentos me permitió conocer innumerables personas de nuestro Pueblo nación. En estos encuentros que ocurren en diferentes puntos del país suelo escuchar frases como: “lo buscaba hace mucho tiempo”, “quería que llegara el momento”, “mi corazón sabía que lo iba a tener” o “nos hacía falta para fortalecernos”. Estas palabras demuestran que los instrumentos son una profunda necesidad. Al tenerlos, prueba que no es una utopía querer conectarse a la raíz, buscan conocimiento y empezar este proceso de recuperación a través de los instrumentos, ya que saben que es la manera de mostrarle a la naturaleza que están vivos, de pie y conscientes de su origen.

Varios instrumentos mapuches ©Maru Cofre Logkopag

Cuando tocamos los instrumentos en ceremonias o celebraciones, le demostramos a las diferentes energías que sabemos nuestro origen y entendemos nuestro rol: somos defensores de la vida, los territorios, somos una energía más, somos parte del todo. La garantía de que los territorios de vida van a poder sostenerse con sus defensores milenarios es la recuperación de lo que nos fue arrebatado, el crecimiento que va teniendo nuestro Pueblo nación.

Mientras cohiue haya cohiue nacerán.
El cohiue es un árbol milenario de gran altura que abunda en muchos territorios, por su fácil crecimiento y su cantidad de semillas. Solemos decir: “si un cohiue cae, 10 cohiues nacerán. Si un mapuche muere, diez se levantarán. Mientras allá mapuches, mapuches nacerán.”

En este tema de Anahi Rayen Mariluan, que difundimos con su permiso, se pueden escuchar varios instrumentos ancestrales mapuches.

Instrumentos Mapuches

  • Kultxüg: Elemento fundamental del Pueblo nación mapuche. En su simbología esta se representa a los 4 elementos que componen toda la vida, meli witxal mapu, (los cuatro puntos de nuestro territorio ancestral), nuestra cosmovisión y como vemos la vida. Este instrumento de percusión se fabrica con madera de txiwe o foye, árboles medicinales fundamentales para nuestro pueblo. El rali o cuenco se trabaja artesanalmente, su parche puede ser con cuero de chivo o potro, tensándolo con tiras de cuero o pelo de caballo y se toca con una vara de caña colihue. Este instrumento ancestral está presente en toda nuestras ceremonias y celebraciones y se lo considera el más importante en la vida mapuche.

Fotos : ©Taiñ Füchakecheyem y Lucas Quintupuray.

  • Ñorkin: Instrumento de viento. Se fabrica con caña colihue la cual se dobla y ahueca uniéndola con tripa de animal para su sellado, envolviéndolo luego con lana o cuero. En uno de sus extremos lleva un cuerno vacuno que sirve de pabellón acústico, sus varios sonidos y melodías las genera la persona que lo toca quien busca adecuarse a los toques del kultxüg.
  • Pifillka: Este pequeño instrumento de viento se fabrica con varias maderas nativas. Se le da forma alargada fabricándole un orificio en uno de sus extremos. Para utilizarlo, primero se afina con agua o muday (bebida a base de máiz, trigo o gülliw – piñones) y se sopla con fuerza generando sonidos constantes y repetitivos.
  • Kull-kull: Este instrumento lo utilizaba nuestro Pueblo nación en tiempos de guerra para avisar o llamar. Se iban generando sonidos muy agudos los cuales producen eco, de esta forma, su sonido puede alcanzar grandes distancias en lugares o zonas planas. Se fabrica con un cuerno vacuno al cual se le hace un orificio en uno de sus costados para poder soplar, los werken o mensajeros o mensajeras son los que portan este instrumento ancestral.
  • Txutxuka: Este instrumento puede medir entre 4 y 6 metros de largo. Se fabrica con una caña colihue gruesa que se parte a lo largo, luego se ahueca y se une. Finalmente, se sella con tripa de animal, tal como se hace con el ñorkin y se envuelve con lana o cuero para darle firmeza. Se le coloca un cuerno vacuno de gran tamaño en su parte más gruesa que sirve de pabellón acústico. La técnica para su toque no es fácil, por lo cual los txutxuqueros o txutxukafe (las personas que la tocan) son muy importantes. Estas personas generan melodías para diferentes momentos produciendo melodías suaves y relajantes.

Hombre tocando el Txutxuka.©Taiñ Füchakecheyem

Foto principal : Niño tocando el kull-kull. ©Taiñ Füchakecheyem
Fotos de los instrumentos : ©Taiñ Füchakecheyem, Manu Cofre Logkopag y Lucas Quintupuray.