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La comunidad pastoril de Bayanbulag culmina la demarcación de su territorio y fortalece la gestión colectiva

Allí donde los bosques montañosos se encuentran con los pastizales de los valles, el pastoreo estacional junto con las normas compartidas orientan la conservación

First published on 06/03/2026

Por Consorcio TICCA


En estrecha colaboración con JASIL, miembro del Consorcio TICCA en Mongolia, la comunidad pastoril de Bayanbulag, ubicada en el distrito de Batsumber, en la provincia de Töv, ha culminado la demarcación interna de su territorio de pastizales y bosques, un paso fundamental para fortalecer la gestión cotidiana en el terreno.

En Bayanbulag, la comunidad de pastores, compuesta por doce hogares, custodia los pastizales, los bosques y las fuentes de agua que la rodean, de los cuales dependen sus medios de vida. Su principal fuente de ingresos proviene de la cría de ganado para la producción de leche y carne. A través de la toma de decisiones conjunta y de prácticas sostenibles, gestiona y protege activamente los recursos naturales, con el fin de asegurar su sostenibilidad a largo plazo.

Este modo de vida forma parte de una larga tradición pastoril en Mongolia, en la que la movilidad, el pastoreo estacional y el uso compartido de los pastizales han sostenido tanto a las comunidades como a los ecosistemas durante generaciones. Los pastizales siguen siendo fundamentales para los medios de vida rurales y la identidad nacional, ya que contribuyen a la economía doméstica y a la estabilidad ecológica.

Sin embargo, este sistema enfrenta una presión creciente. Mongolia atraviesa una rápida transición de una economía estatal a una de mercado, lo que ha transformado la organización de la tierra, los recursos y las responsabilidades. Al mismo tiempo, las comunidades pastoriles lidian con múltiples desafíos interrelacionados: el aumento del ganado, la escasez de agua, el cambio climático, la degradación de los pastizales y la expansión de la minería, la tala ilegal y la caza furtiva.

Los marcos jurídicos y de políticas también están en evolución y, aunque abren nuevas oportunidades, en la práctica pueden resultar difíciles de comprender para las comunidades locales. Muchos pastores no disponen de mecanismos claros ni reconocidos a nivel local para gestionar y defender colectivamente sus territorios y recursos. No obstante, la gobernanza tradicional de los territorios de vida pastoriles recibe un reconocimiento creciente dentro de los marcos jurídicos formales.

Por ejemplo, la Ley de 2024 sobre el estatuto jurídico de la Asociación Unificada de Familias Pastoras, en particular su artículo 5.1, reconoce a los grupos de pastores como entidades jurídicas sin fines de lucro y respalda la preservación de la cultura pastoril, la gestión colectiva de los recursos y el uso sostenible de los pastos de acuerdo con su capacidad de carga ecológica. Asimismo, busca fortalecer los medios de vida mediante la mejora de la productividad ganadera y la gestión de los recursos. Para comunidades como la de Bayanbulag, esto abre nuevas oportunidades, pero también exige desarrollar formas concretas de aplicar estos principios en la práctica.

El territorio de Bayanbulag abarca unas 2 300 hectáreas, donde los bosques montañosos se entrelazan con los pastizales de los valles. La comunidad gestiona estas áreas de forma colectiva, mediante patrones de pastoreo estacional y acuerdos compartidos que buscan equilibrar el uso y la conservación. Además, protege los bosques, las fuentes de agua y los hábitats de la fauna silvestre, esenciales tanto para sus medios de vida como para el ecosistema. A pesar de ello, persistía un desafío práctico: sin límites claramente definidos, resultaba difícil frenar el pastoreo no autorizado, resolver disputas con pastores vecinos o enfrentar actividades ilegales. En un paisaje tan extenso y abierto, ni el mapeo exhaustivo ni el cercado resultan viables o deseables.

Establecer los límites del territorio de vida representó una solución sencilla y eficaz. Gracias a marcadores claros y consensuados a nivel local, la comunidad puede ahora definir con mayor precisión el alcance de su gestión colectiva.

Esto ha generado varios cambios inmediatos: los pastores vecinos son menos propensos a ingresar en la zona sin un acuerdo previo; las actividades ilegales, como la tala o la caza furtiva, se identifican y abordan con mayor facilidad; los miembros de la comunidad se sienten más seguros al monitorear y proteger sus tierras; y el grupo cuenta con una base más sólida para colaborar con las autoridades locales y aplicar los marcos jurídicos pertinentes.