
Defendamos a los adivasis de Bastar
Solidaridad con las comunidades indígenas que se oponen a la creciente militarización y a las industrias mineras en la India central

¿Qué está pasando en Bastar?
En la región de Bastar, en el estado de Chhattisgarh, India, las comunidades indígenas adivasis enfrentan una intensificación de la militarización, las ejecuciones extrajudiciales, los desplazamientos y la criminalización, procesos que avanzan en paralelo con la rápida expansión de proyectos mineros y extractivos en sus territorios.
Los bosques tropicales y las montañas de Bastar, caracterizados por su gran biodiversidad, se extienden por casi 33 000 kilómetros cuadrados y albergan a 2,7 millones de personas, de las cuales dos tercios pertenecen a comunidades indígenas adivasis. En los últimos años, las operaciones de contrainsurgencia del Gobierno indio en la región se han intensificado, al mismo tiempo que se expanden proyectos mineros que están provocando la tala de bosques a un ritmo alarmante.
Mientras jóvenes activistas y líderes comunitarios luchan contra el despojo, los asesinatos extrajudiciales y el encarcelamiento masivo de defensores de derechos humanos se han incrementado drásticamente, sin que el sistema judicial ofrezca mecanismos efectivos de acceso a la justicia.
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«Adivasi» significa «habitante original» y hace referencia a los Pueblos Indígenas de la India. En Bastar, comunidades como los Gond, los Maria, los Halba y los Muriya han habitado y sostenido territorios forestales durante generaciones.
Estas comunidades forestales se dedican tradicionalmente a la agricultura, la caza, la pesca, la recolección de productos forestales y la elaboración de medicinas. Además, sus prácticas culturales y espirituales están estrechamente vinculadas a los bosques.
A pesar de esta prolongada conexión con la tierra, las comunidades adivasis siguen figurando entre los grupos más marginados de la India, y la región de Bastar presenta algunos de los indicadores más bajos del país en materia de salud, educación y desarrollo económico.
Bastar es rica tanto en recursos ecológicos como en minerales. Esta combinación la ha convertido en un territorio clave para la minería no sostenible y el desarrollo industrial.
Durante décadas, las comunidades han resistido los intentos de imponer grandes proyectos mineros en sus tierras. Al mismo tiempo, la existencia de una insurgencia prolongada en la región, concentrada en territorios habitados por adivasis, ha permitido al Gobierno presentar a Bastar como un problema de seguridad.
Como consecuencia, la articulación comunitaria, la protesta social y la participación política de los Pueblos Indígenas suelen ser criminalizadas.
Desde el punto de vista económico, la riqueza mineral de Bastar sustenta en gran medida la economía de Chhattisgarh. El estado alberga aproximadamente el 19 % del hierro, el 20 % de la bauxita y el 36 % del estaño del país, lo que genera más de 15 000 crores de rupias al año en ingresos por explotación minera. En este contexto, Bastar es uno de los principales contribuyentes gracias a sus reservas de hierro. La región también cuenta con diamantes, oro, caliza, dolomita y carbón.
La actividad minera comenzó a mediados de la década de 1960, con concesiones otorgadas alrededor de 1965 y el inicio de la producción comercial de mineral de hierro en 1968 a cargo de NMDC Limited en los complejos de Kirandul y Bacheli, ubicados en las montañas sagradas de Bailadila, en el distrito de Dantewada. Desde entonces, su expansión ha sido objeto de controversia.
Un proyecto propuesto en el «Yacimiento 13» de Bailadila fue suspendido el 11 de junio de 2019 tras protestas a gran escala, ya que amenazaba a Nand Raj Pahad, un sitio sagrado para la comunidad Adivasi Koya. Durante las últimas dos décadas, empresas como Essar Steel (3,2 millones de toneladas anuales en Dhurli y Bhansi) y Tata Steel (5 millones de toneladas anuales en Lohandiguda) impulsaron proyectos que enfrentaron una fuerte resistencia por parte de los agricultores adivasis debido al desplazamiento que implicaban.
Posteriormente, se demostró que el consentimiento de la Gram Sabha obtenido en 2014 había sido falsificado, por lo que Tata se retiró de la región en 2016 y, entre 2018 y 2019, se devolvieron 1 724 hectáreas a las comunidades. Más recientemente, en marzo de 2025, ArcelorMittal, a través de su empresa conjunta ArcelorMittal Nippon Steel India, obtuvo una licencia mixta para explorar y explotar dos bloques forestales de 850 hectáreas (yacimientos 01A y 01B de Bailadila).
Algunos líderes adivasis describen su experiencia con el desarrollo en Bastar como «violencia del desarrollo». En teoría, el desarrollo debería proporcionar infraestructura, atención sanitaria, educación y oportunidades económicas, todo ello sobre la base del consentimiento libre, previo e informado.
Sin embargo, en la práctica, los proyectos de desarrollo implementados en los territorios adivasis han implicado adquisición de tierras, desplazamiento de la población, militarización, deforestación y construcción de infraestructura destinada a la minería y al transporte de minerales.
Las comunidades que se oponen a estos proyectos enfrentan intimidaciones, detenciones e incluso asesinatos. En este sentido, la violencia del desarrollo hace referencia a un patrón en el que el desarrollo se impone mediante la fuerza y la represión de la resistencia indígena, en lugar de la consulta y el consentimiento, con el propósito principal de servir a intereses corporativos.
En diciembre de 2023, el ministro del Interior de la India declaró que la insurgencia regional sería erradicada antes del 31 de marzo de 2026. Poco después, se registró un aumento exponencial de los asesinatos en las áreas boscosas de Bastar, a medida que se intensificaban las operaciones de seguridad descritas como enfrentamientos de contrainsurgencia. Para diciembre de 2025, solo en Bastar, más de quinientas cincuenta personas habían sido asesinadas en el contexto de estas operaciones.
En la actualidad, aunque el número de enfrentamientos parece haber disminuido debido al debilitamiento del movimiento maoísta, el control sobre la vida cotidiana en muchas aldeas continúa endureciéndose mediante nuevos campamentos de seguridad, una mayor vigilancia y restricciones tanto a la circulación como al acceso a los bosques.
Al mismo tiempo, los proyectos mineros avanzan con rapidez y los líderes comunitarios temen las consecuencias que pueda traer consigo la inminente fecha límite de eliminación.
Resistencia contra el acaparamiento de tierras, la militarización y la minería destructiva
A pesar de los riesgos que enfrentan, las comunidades adivasis de Bastar se han organizado de forma reiterada para defender sus derechos humanos y sus derechos territoriales reconocidos por la ley. Durante décadas, los movimientos locales se han opuesto a grandes proyectos mineros e industriales que amenazan los bosques y las aldeas. En algunos casos, la movilización comunitaria ha logrado obligar a las empresas a retirarse o a suspender sus operaciones.
Estos esfuerzos se han desarrollado en condiciones extremadamente difíciles y quienes los realizan han sido objeto de vigilancia, intimidación, acoso, detenciones, ejecuciones extrajudiciales y violencia física y sexual.
En 2021 surgió una nueva ola de movilización, cuando la juventud adivasi comenzó a impulsar lo que describió como movimientos de consolidación de la paz basados en la justicia. Estas iniciativas promovían el diálogo, la aplicación de las garantías constitucionales existentes para las comunidades indígenas y el fin de la violencia.
Para 2024 habían surgido más de cuarenta puntos de protesta en todo Bastar, donde jóvenes activistas y líderes comunitarios organizaron reuniones públicas y manifestaciones. La mayor de estas plataformas, Moolwasi Bachao Manch (Movimiento para Salvar a los Pueblos Indígenas), fue posteriormente declarada ilegal por el gobierno estatal y muchos de sus organizadores fueron detenidos en virtud de estrictas leyes antisubversivas.
En la actualidad, muchos de los jóvenes líderes que contribuyeron a impulsar estos movimientos continúan detenidos. Sin embargo, las demandas fundamentales de las comunidades adivasis, como la seguridad, el reconocimiento de sus derechos y la protección de sus tierras, siguen sin resolverse y la población continúa movilizándose.

Patrones de abuso documentados
- Ejecuciones extrajudiciales de civiles
- Violencia sexual contra integrantes de las comunidades adivasis
- Establecimiento de campamentos de seguridad en territorios adivasis
- Creación deliberada de divisiones internas y desconfianza dentro de las comunidades adivasis
- Criminalización de los movimientos masivos liderados por jóvenes y de la participación política
- Detención arbitraria de personas defensoras de derechos humanos
- Otorgamiento de licencias mineras en territorios adivasis sin consentimiento libre, previo e informado (CLPI)
La crisis de Bastar en cifras
676
personas asesinadas por el ejército entre 2020 y 2025
158
concesiones mineras otorgadas hasta 2023
40+
Más de 40 puntos de protesta organizados por jóvenes adivasis en Bastar para 2024
Por qué Bastar es importante a nivel mundial y cómo tomar medidas
A pesar de la magnitud de la crisis en Bastar, esta continúa pasando relativamente desapercibida a nivel internacional. La situación actual refleja una tendencia global más amplia en la que los territorios indígenas, por su gran riqueza en biodiversidad y recursos naturales, son cada vez más objeto de actividades extractivas.
En todo el mundo, gobiernos y empresas están expandiendo proyectos mineros, de infraestructura y energéticos hacia tierras indígenas, procesos que con frecuencia van acompañados de militarización y de la criminalización de la resistencia comunitaria.
Bastar constituye uno de los ejemplos más extremos de esta tendencia en la actualidad. Las organizaciones de la sociedad civil que actúan en la región enfrentan severas limitaciones, y muchos líderes adivasis viven bajo riesgo constante. Una mayor atención internacional puede ser clave para garantizar la transparencia, impulsar los esfuerzos de documentación y fortalecer la rendición de cuentas por las violaciones de derechos humanos. La solidaridad de las redes indígenas, las organizaciones de la sociedad civil, la comunidad investigadora y las instituciones internacionales es fundamental para que las voces de las comunidades adivasis sean escuchadas.
Los invitamos a enviar un mensaje de apoyo y solidaridad a la juventud que defiende los derechos humanos y a las personas activistas adivasis que actualmente se encuentran encarcelados bajo acusaciones falsas por parte del Estado indio, mediante el formulario en línea disponible en la página web de InSAF India.
Los mensajes se publicarán en la página web dedicada a este tema y se compartirán nuevamente una vez publicados, para que puedan difundirse en redes sociales. También pueden utilizar las imágenes y los enlaces de video disponibles en esa página para sus publicaciones. Asimismo, haremos lo posible por enviar los mensajes recibidos al equipo jurídico de las personas activistas, a fin de que puedan ser transmitidos a ellas.

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