El Mecanismo Multilateral de información digital sobre secuencias permite la participación en los beneficios monetarios sin necesidad de rastrear cada secuencia hasta cada uno de sus usos posteriores. Pero eso no significa que la procedencia, las relaciones de conocimiento o la gobernanza indígena y comunitaria sean irrelevantes. La siguiente etapa de la aplicación de la DSI plantea una pregunta diferente: ¿qué debería permanecer vinculado a la información biológica mientras circula por las infraestructuras mundiales de datos?
First published on 10/15/2026
June Rubis y Anisha Buda
Después del OSA-7 en Nairobi, Anisha no dejaba de pensar en el yarsagumba
El yarsagumba (Ophiocordyceps sinensis) se encuentra en toda la región del Himalaya y del Tíbet, incluidos Nepal, Bután, la India y China. En algunas zonas de Nepal, su cosecha estacional está estrechamente relacionada con los medios de vida de los hogares y las economías locales. Las investigaciones realizadas en el distrito de Dolpa, en Nepal, han demostrado que los ingresos provenientes del yarsagumba contribuyen significativamente al sustento de los hogares de montaña, mientras que otros estudios realizados en la región del Himalaya han documentado el impacto de la recolección intensiva en las poblaciones silvestres y los efectos del cambio climático (Hopping et al., 2018; Shrestha y Bawa, 2014).
Para Anisha, la conexión entre el yarsagumba y los medios de vida se basa en la experiencia familiar y comunitaria. Su familia se ha dedicado durante muchos años al comercio de yarsagumba. Ella recuerda a familias cuyo sustento dependía en gran medida de la cosecha y ha vivido de cerca cómo las condiciones se fueron endureciendo a medida que esta disminuía y los mercados cambiaban.
Estos cambios tienen múltiples causas y no deben atribuirse a la DSI. Sin embargo, dieron forma a la pregunta que Anisha se llevó de Nairobi, donde participó en la séptima reunión del Órgano Subsidiario sobre la Aplicación (OSA-7) del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB).
¿Qué sucede cuando una especie profundamente arraigada en determinados medios de vida, historias y sistemas de conocimiento también se pone a disposición de la ciencia a través de información que puede circular con independencia de esas relaciones?

El ejemplo del yarsagumba no sirve para afirmar sin más que haya habido un acceso no autorizado a los recursos genéticos de Nepal. Una investigación realizada sobre el material recolectado en otro Estado del área de distribución puede no implicar nunca el acceso a los recursos genéticos nepalíes. Su importancia para la DSI reside en otra parte: el origen biológico, el uso científico y las consecuencias sociales o económicas pueden darse en geografías distintas.
Para Anisha, la pregunta también tiene que ver con la manera en que se vive y se gobierna el yarsagumba en Dolpa Ella pertenece a la comunidad indígena Kaike Magar y creció escuchando hablar del yarsagumba: de la fascinación por un insecto que «se convierte en planta» y de la forma en que su cosecha sostiene a las familias. En el Alto Dolpa, donde los inviernos son duros y la gente a veces se traslada a zonas más bajas durante la temporada, los ingresos del yarsagumba son fundamentales para que los hogares puedan pasar el invierno. Aparece en el mes de Baisakh (mediados de abril) y se cosecha durante aproximadamente un mes, en Jestha.
La cosecha se rige por las relaciones entre las comunidades y los bosques. Según cuenta Anisha, las aldeas que no tienen un bosque propio para la recolección pagan regalías a los Pueblos Indígenas en cuyos bosques entran, además de las tasas vinculadas al gobierno local y a las áreas protegidas. Los cosechadores también toman decisiones colectivas sobre cuándo detener la recolección para que el yarsagumba tenga tiempo de crecer antes de que se reanude la cosecha. Para ella, este es un sistema de gobernanza basado en la práctica consuetudinaria.
También recuerda la preocupación por la caída de los precios de mercado y la creciente incertidumbre en la comunidad en torno a las noticias de que China ahora tiene su propio yarsagumba: «No sabemos cómo lo hacen, pero escuchamos que tienen su propio yarsagumba y que por eso el precio está tan bajo». Otra observación que ella creció escuchando es que, a pesar de generaciones de cosecha, el yarsagumba sigue regresando, lo que pone de manifiesto la importancia de las prácticas consuetudinarias que se han mantenido de generación en generación. Estos relatos contienen conocimientos ecológicos, económicos y de gobernanza que nunca quedarían reflejados en la información digital sobre secuencias (DSI, por sus siglas en inglés) ni en los recursos genéticos físicos.
Por qué el yarsagumba es un ejemplo útil para la DSI
El yarsagumba (Ophiocordyceps sinensis) se encuentra en varios países de la región del Himalaya y del Tíbet. Las comunidades indígenas de Nepal mantienen desde hace mucho tiempo vínculos con la especie a través de sus medios de vida, sus conocimientos y el comercio, mientras que la secuenciación o la investigación pueden basarse en material biológico recolectado en otros lugares.
El ejemplo muestra cómo el origen biológico, el uso científico y las consecuencias sociales o económicas pueden darse en diferentes geografías. Una secuencia genética obtenida de un espécimen recolectado en un país podría ser utilizada por investigadores o empresas de otro, mientras que las comunidades de otros lugares mantienen desde hace mucho tiempo vínculos de sustento y de conocimiento con esa misma especie. Esta superposición de relaciones complica la pregunta de quién debería recibir beneficios por el uso de esa secuencia y con qué fundamento.
Este ejemplo ayuda a explicar la lógica de la participación multilateral en los beneficios, al tiempo que plantea preguntas sobre lo que sucede con la procedencia, los vínculos de conocimiento y la gobernanza a medida que la información sobre secuencias circula de forma independiente.
El Mecanismo Multilateral de participación en los beneficios derivados de la DSI responde, en parte, a este problema de circulación. Permite repartir los beneficios monetarios de forma multilateral sin exigir que cada país proveedor establezca una relación directa entre una secuencia concreta y un uso comercial concreto (Convenio sobre la Diversidad Biológica [CDB], 2024; Scholz et al., 2022). El Fondo Cali otorga a este componente monetario una forma institucional y establece que, cuando proceda y con sujeción a las circunstancias y la legislación nacionales, al menos la mitad de sus recursos debería destinarse a las necesidades identificadas por los propios Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales, incluidas las mujeres y la juventud, ya sea a través de las autoridades gubernamentales o mediante pagos directos canalizados por instituciones que ellos mismos designen (CDB, 2024).
A medida que avanza la aplicación de la DSI, empieza a perfilarse también el Mecanismo Multilateral en su conjunto. El OSA-7 incorporó de manera más directa a las negociaciones las bases de datos, la procedencia, los permisos, los conocimientos tradicionales y la gobernanza de datos. El proyecto de recomendación que se presentará en la 17.ª reunión de la Conferencia de las Partes (COP17) del CDB contiene propuestas relativas al trabajo que los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales llevan adelante con operadores de bases de datos e instituciones científicas, así como posibles medidas sobre la procedencia, la presentación lícita de datos, los permisos, los principios CARE, FAIR y TRUST, y la Recomendación de la UNESCO sobre la Ciencia Abierta (CDB, 2024, 2026).
Estos debates plantean otra pregunta: ¿qué ocurre con las relaciones de conocimiento, la autoridad indígena y la gobernanza de las comunidades locales que ya existen cuando la información biológica empieza a circular como DSI?
Del acceso a la circulación
En el ámbito del acceso y la participación en los beneficios se han desarrollado leyes, políticas e incidencia indígena en torno a las condiciones en que se accede a los recursos genéticos y a los conocimientos tradicionales asociados. El consentimiento libre, previo e informado (CLPI), los términos mutuamente acordados, las leyes consuetudinarias y los protocolos comunitarios abordan cuestiones de autoridad y gobernanza en puntos importantes de estas relaciones.
La DSI crea una cadena más larga. Una secuencia depositada hoy puede ser reutilizada años después por investigadores o empresas que no tienen ninguna relación con quien recolectó la muestra, con el país proveedor ni con la comunidad. Puede ingresar a otras bases de datos, combinarse con información de múltiples orígenes o adquirir valor gracias a tecnologías que no existían cuando se recopiló el material por primera vez. Los trabajos orientados a preparar el Mecanismo Multilateral para hacer frente a los desafíos futuros han prestado especial atención a la inteligencia artificial y a otras tecnologías que pueden aumentar la distancia entre determinadas secuencias, sus orígenes y sus usos posteriores (Faggionato et al., 2024).
Esta dimensión temporal plantea interrogantes sobre cómo sigue pesando la autoridad expresada mediante el CLPI y otras formas de gobernanza a medida que la información se mueve por sistemas diseñados para la circulación y la reutilización.
La participación en los beneficios monetarios regida por el Mecanismo Multilateral puede funcionar sin reconstruir una relación de pago bilateral para cada secuencia y cada usuario posterior (Scholz et al., 2022). Ese diseño multilateral no anula por sí solo otros derechos u obligaciones que puedan surgir de las medidas nacionales de acceso y participación en los beneficios (ABS, por sus siglas en inglés), incluidos los relativos a los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales y a los conocimientos tradicionales asociados (CDB, 2024). La información sobre procedencia y gobernanza cumple, además, otras funciones: puede apoyar la integridad y atribución científica, la aplicación nacional de ABS y el reconocimiento del conocimiento tradicional y de los derechos e intereses de los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales (CDB, 2024; Raposo et al., 2023).
Algunas relaciones de ABS también dependen de formas continuas de conexión que no pueden reducirse a una asignación de dinero, como las relaciones de investigación, el intercambio de resultados de investigación y el acceso a los productos y servicios que se derivan de ella (Ramakrishnan, 2026).
Rastrear cada uso posterior a través de grandes conjuntos de datos puede ser difícil, sobre todo cuando se combina DSI de múltiples orígenes y esta pasa por transformaciones computacionales (Faggionato et al., 2024; Raposo et al., 2023). Pero el grado de esa dificultad también está determinado por las decisiones que se tomen sobre el diseño de las bases de datos, los requisitos de procedencia y la rendición de cuentas de los usuarios (Ramakrishnan, 2026). La pregunta es cómo se está tratando la información de procedencia disponible, qué otra información de gobernanza puede seguir vinculada a la DSI y qué ofrece el sistema multilateral cuando esas relaciones se vuelven cada vez más difíciles de seguir.
Lo que se vuelve visible
Las infraestructuras digitales son muy adecuadas para que ciertos tipos de información viajen con facilidad. Una secuencia puede conservar un identificador científico, información taxonómica y, cuando se registra, información relativa al origen geográfico.
Los cambios recientes en la práctica de las bases de datos también muestran que ahora se registra más información sobre la procedencia. En 2023, la International Nucleotide Sequence Database Collaboration (INSDC) introdujo la obligatoriedad de incluir metadatos sobre el país o la ubicación y la fecha de recolección para las nuevas presentaciones. Asimismo, a finales de 2024, extendió esta norma, sujeta a determinadas exenciones, a los restantes procedimientos de presentación de secuencias (INSDC, 2023). Un análisis de 2026 encontró información geográfica sobre la recolección en el 46 % de las secuencias enviadas a la INSDC durante los cinco años anteriores, frente a cerca del 17 % del total del corpus (Raposo et al., 2026). Esto sugiere una mejora significativa en los registros recientes, aunque persiste un importante vacío en los registros antiguos.
Sin embargo, la existencia de un campo geográfico no debe equipararse con tener una procedencia completa. El calificador «/geo_loc_name» de la INSDC registra el lugar donde se aisló o recolectó la muestra secuenciada (INSDC, 2024). Esa información puede ser importante para la ciencia y pertinente para la aplicación del ABS, pero por sí sola no determina cuál es el país proveedor en términos de ABS, no identifica una colección de origen, un territorio indígena ni una relación comunitaria, y tampoco registra la autoridad ni las condiciones bajo las cuales se compartieron el material o los conocimientos. Los modelos de asignación recientes muestran por qué importa esta distinción: si se usa el número de secuencias de la INSDC como indicador del origen geográfico, la medición puede inclinarse hacia la capacidad de secuenciación y la infraestructura de datos, en lugar de reflejar el origen geográfico del material biológico (Makowska-Curran, 2026). Por consiguiente, el significado político de categorías aparentemente técnicas depende en parte de cómo se lleven a la práctica. Los debates actuales podrían fortalecer la procedencia y crear formas de señalar los permisos, los vínculos con conocimientos tradicionales y otras consideraciones más amplias de gobernanza de datos (CDB, 2026; Raposo et al., 2024).
Lo que no se transmite con tanta facilidad son las relaciones que rodean a los recursos biológicos. Los conocimientos y la autoridad tradicionales pueden diferenciarse por género, generación, linaje, medios de vida, responsabilidad ritual, familia o relación con el territorio. Algunos conocimientos pueden estar ampliamente compartidos; otros pueden estar restringidos o en manos de determinadas personas o instituciones. Por eso, describir una información como «conocimientos tradicionales asociados a los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales» puede dejar sin resolver quién posee esos conocimientos, quién puede tomar decisiones sobre su divulgación o su uso y qué protocolos se aplican.
Los acuerdos de Dolpa descritos anteriormente ilustran bien esta distinción. Un registro de secuencia podría conservar la localidad de recolección, pero no le diría a un usuario posterior de quién era el bosque en el que se entró, qué autoridad regía ni cómo decidieron colectivamente los recolectores cuándo suspender la cosecha.
Esto apunta a una distinción entre procedencia y gobernanza.
La procedencia tiene que ver con el origen y el recorrido del material o la información biológica: dónde se recolectó el material, de qué fuente y a través de qué relaciones institucionales o de otro tipo ingresó en las infraestructuras científicas. La gobernanza se refiere a cómo se toman las decisiones sobre los conocimientos y su uso, incluido quién tiene la autoridad pertinente y qué protocolos se aplican. Unos metadatos más detallados no pueden responder por sí solos a esas preguntas de gobernanza.

Los principios CARE son útiles porque incorporan el beneficio colectivo, la autoridad para controlar, la responsabilidad y la ética a la gobernanza de datos (Carroll et al., 2020). La autoridad para controlar es particularmente relevante, porque la gobernanza no se agota en la decisión inicial de compartir datos: también abarca las condiciones de acceso, uso, reutilización y administración a lo largo del ciclo de vida de los datos. El trabajo sobre la soberanía de datos indígenas en genómica plantea preguntas similares sobre si las infraestructuras abiertas tienen suficientemente en cuenta los derechos e intereses indígenas (Mc Cartney et al., 2022).
Al mismo tiempo, una mejor gobernanza no debería requerir documentación cada vez más detallada de los conocimientos indígenas para demostrar que existen derechos o responsabilidades. En algunas circunstancias, lo que necesita viajar no es el conocimiento en sí, sino una indicación de que se aplica un protocolo comunitario o una relación de gobernanza, y de que es necesario seguir dialogando con la comunidad. Local Contexts ofrece un ejemplo de ello: sus etiquetas de conocimientos tradicionales y bioculturales permiten a las comunidades comunicar la procedencia, los protocolos y los permisos sin que ello implique necesariamente poner los conocimientos subyacentes en circulación abierta (Liggins et al., 2021; Local Contexts, s. f.).
Lo que puede transmitir la gobernanza de las bases de datos
El texto emergente del OSA-7 proporciona un punto de partida práctico, con propuestas para que los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales, incluidas las mujeres y la juventud, elaboren sus propios materiales dirigidos a operadores de bases de datos, instituciones científicas y otros actores (CDB, 2026). Esto no debe entenderse solo como una necesidad de que las comunidades aprendan cómo funciona la DSI. También crea una oportunidad para que las infraestructuras científicas y de bases de datos conozcan sistemas de gobernanza que, de otro modo, podrían permanecer invisibles: el derecho consuetudinario, los protocolos comunitarios, el parentesco, la responsabilidad ritual, la autoridad territorial y otras formas a través de las cuales se toman decisiones sobre el conocimiento y los recursos biológicos.
Los trabajos de la DSI Scientific Network han examinado la información sobre el origen geográfico, la gobernanza de las bases de datos y los desafíos técnicos de mantener los vínculos entre la DSI y sus orígenes (Faggionato et al., 2024; Raposo et al., 2023, 2024). El análisis de Nithin Ramakrishnan desde la perspectiva de la justicia digital llama la atención sobre otra parte del problema: la responsabilidad por la legalidad y la participación en los beneficios puede recaer en gran medida sobre los proveedores de datos y las autoridades nacionales, mientras que los operadores de bases de datos asumen una responsabilidad más limitada por los usos habilitados a través de sus infraestructuras (Ramakrishnan, 2026).
Estas perspectivas apuntan a una cuestión práctica de diseño. Los sistemas de bases de datos tienen limitaciones técnicas, pero también reflejan decisiones sobre dónde se ubican la información y la responsabilidad: qué campos de procedencia son obligatorios, cómo se gestiona la información faltante, si los vínculos se mantienen cuando los datos pasan de una infraestructura a otra y qué responsabilidades tienen los operadores y los usuarios de las bases de datos cuando la información se reutiliza (Ramakrishnan, 2026; Raposo et al., 2024). La práctica recomendada IEEE 2890‑2025 para la procedencia de los datos de los Pueblos Indígenas, publicada recientemente , ofrece un punto de referencia concreto. Establece parámetros para registrar la procedencia de manera que se respalden la gobernanza, la toma de decisiones y la participación indígenas en los usos presentes y futuros de los datos de los Pueblos Indígenas (IEEE, 2025). No resuelve la cuestión de la DSI, pero demuestra que la procedencia puede diseñarse teniendo en cuenta las relaciones de gobernanza.
Además, la apertura del acceso científico y la rendición de cuentas por parte de los usuarios tampoco tienen por qué organizarse de manera idéntica en todas las infraestructuras de datos.
Por lo tanto, las preguntas prácticas que se plantean no tienen que ver con cuántos metadatos se pueden adjuntar a una secuencia. Tienen que ver, entre otras cosas, con cómo la procedencia y la información de gobernanza definida por las comunidades siguen vinculadas a medida que los datos pasan de una infraestructura a otra, cómo señalan las bases de datos la existencia de conocimientos tradicionales o de protocolos pertinentes, qué ocurre cuando se combina información de múltiples orígenes y qué tipos de información deberían quedar fuera de las bases de datos.
Esta última pregunta también tiene una dimensión temporal. Una información que parece limitada o poco sensible en el momento de registrarse puede adquirir nuevos significados o volverse más reveladora cuando, más adelante, se combina con otros conjuntos de datos o con nuevas tecnologías de análisis (Carroll et al., 2020).
Los principios FAIR, CARE y TRUST, junto con la Recomendación de la UNESCO sobre la Ciencia Abierta, ofrecen distintos puntos de partida para estos debates (Carroll et al., 2020; CDB, 2026; UNESCO, 2021). Pero es poco probable que una plantilla universal de metadatos indígenas resuelva la cuestión de la gobernanza. El objetivo no es que todas las relaciones de gobernanza tengan que ser legibles por máquinas. Quizás se trate, más bien, de que las infraestructuras digitales reconozcan que esas relaciones existen y abran caminos para que los usuarios puedan encontrarlas.
Qué está en juego en la COP17 del CDB
El Fondo Cali sigue siendo un elemento central de la agenda de la DSI para los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales. Su credibilidad dependerá de que se movilicen recursos y de cómo se lleve a la práctica la disposición según la cual, cuando proceda y con sujeción a las circunstancias y la legislación nacionales, al menos la mitad del Fondo debe destinarse a apoyar las necesidades autoidentificadas de los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales: mediante qué vías de acceso, cómo se establecen las prioridades y cómo se preserva una autoridad real sobre la ejecución de los recursos. Estas preguntas son distintas de la metodología de asignación por países de la financiación destinada a las Partes (CDB, 2024).
Pero la cuestión de los derechos no termina con la asignación de dinero. El propio Mecanismo Multilateral no afecta la aplicación de las medidas nacionales sobre ABS y debe respetar los derechos de los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales (CDB, 2024). Por eso siguen siendo pertinentes el derecho consuetudinario, los protocolos comunitarios y otros sistemas de gobernanza a través de los cuales los recursos biológicos y los conocimientos asociados pueden haberse vuelto accesibles. Un acuerdo creíble que contemple los intereses de los países proveedores puede ayudar a preservar el espacio político en el que la biodiversidad, la procedencia y la participación en los beneficios siguen siendo importantes, en particular para los países en desarrollo que defienden los intereses de los proveedores. Eso no significa que los intereses de los países proveedores y los de los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales sean idénticos: sus derechos, autoridades y relaciones propios requieren sus propias garantías.
El Mecanismo Multilateral en su conjunto sostiene otra parte de ese acuerdo.
A medida que la información se aleja de las condiciones en las que los recursos biológicos y los conocimientos se volvieron accesibles por primera vez, el sistema tendrá que determinar qué formas de procedencia, responsabilidad y gobernanza siguen siendo visibles.

ANISHA | Después del OSA-7
Después de participar en el OSA-7, volví pensando que las organizaciones indígenas de Nepal deben seguir tanto el Fondo Cali como el debate más amplio sobre la DSI. Para mí, el punto de partida no es tener conocimientos científicos especializados. Los Pueblos Indígenas ya tienen sus propios conocimientos, responsabilidades y relaciones con las especies y con las tierras donde viven. La DSI puede ser técnicamente compleja, pero para entender lo que está en juego no hace falta tener formación en esas áreas: «No es necesario venir de una formación científica para entender la DSI». El compromiso de que al menos el 50 % de los recursos del Fondo Cali se destine a los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales le da al tema un sentido práctico, pero entiendo que las implicaciones de la DSI pueden ir mucho más allá del Fondo. Tienen que ver con los conocimientos tradicionales, la cultura y las relaciones de los Pueblos Indígenas con las especies, y también con adónde viaja la información sobre secuencias y cómo se utiliza.
Me preocupa especialmente que la DSI se convierta en una vía por la que se utilice comercialmente la información derivada de recursos genéticos o de conocimientos indígenas asociados sin que los Pueblos Indígenas correspondientes comprendan cómo se utiliza esa información ni acepten las condiciones de uso. La autoridad indígena, en mi opinión, no consiste solo en ser incluidos en un proceso. Exige una toma de decisiones real, el CLPI cuando están en juego los derechos y la autoridad indígenas, y la posibilidad de negar el consentimiento. Por eso, los principios CARE (beneficio colectivo, autoridad para controlar, responsabilidad y ética) son una guía importante para la gobernanza de la DSI.
Una secuencia puede permanecer utilizable mucho después de que la relación de investigación original haya terminado. Puede cruzar fronteras e instituciones, ingresar en nuevos conjuntos de datos y adquirir formas de valor que no podrían haberse anticipado en el momento de la recolección. Cuando eso sucede, las relaciones nacionales, territoriales y comunitarias que rodean al material biológico no desaparecen. Tampoco lo hace la autoridad a través de la cual se compartieron conocimientos o recursos biológicos.
Mientras la DSI circula a través de las infraestructuras mundiales de datos, la COP17 tiene la oportunidad de preguntarse qué debería seguir viajando con ella y con qué fin, y a quiénes se les debe seguir reconociendo autoridad cuando eso ocurra.
Referencias
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Acerca de las autoras
June Rubis es una académica bidayuh de Sarawak, en el Borneo malasio, investigadora de la Universidad Macquarie y cofundadora de Building Initiatives in Indigenous Heritage (BiiH). Trabaja en temas de participación en los beneficios, gobernanza y aplicación en el conjunto del Mecanismo Multilateral, incluidas las vías de acceso directo y distribución del Fondo Cali, Anisha Buda pertenece a la comunidad indígena Kaike Magar de Dolpa, Nepal. Es oficial de programas en el Foro Nacional de Mujeres Indígenas (NIWF, por sus siglas en inglés), integrante del Comité de Secretaría de la Red TICCA Nepal y miembro del Comité Interino de la International Indigenous-Led Fire Adaptation Network (IIFAN, por sus siglas en inglés). Ambas brindaron apoyo al Foro Internacional Indígena sobre Biodiversidad (FIIB) en las negociaciones sobre la DSI durante el OSA-7, celebrado en Nairobi en 2026. Este comentario se nutre de esa experiencia compartida, pero refleja el análisis propio de las autoras.
Revisado por: Katielee Riddle, Jasmine Kindness y otras personas que deseaban permanecer anónimas
Corrección de estilo: Mahatub Khan Badhon
Responsable editorial: Mohammad Arju
Las autoras expresan su profundo agradecimiento a las personas encargadas de la revisión, cuyos comentarios, observaciones y sugerencias contribuyeron a fortalecer significativamente este artículo.
La correspondencia relativa a este artículo debe dirigirse a June Rubis en jrubis@gmail.com
Las opiniones expresadas en este comentario pertenecen a las autoras y no reflejan necesariamente las opiniones o posiciones políticas del Consorcio TICCA.
Cita recomendada: Rubis, J., y Buda, A. (2026). ¿Qué viaja con una secuencia? Procedencia y gobernanza en la siguiente etapa de la información digital sobre secuencias (sobre la gobernanza). Consorcio TICCA. https://doi.org/10.70841/AH78DI


