En esta edición, los territorios de vida tuvieron una participación amplia, diversa y estratégica, y se consolidaron como una voz importante para impulsar la conservación basada en los derechos, la justicia ambiental, la diversidad biocultural y la gobernanza comunitaria.
First published on 10/29/2026
Por Yvets Morales Medina, coordinación de comunicaciones regional para América Latina
El XII Simposio sobre Áreas Protegidas y Sociales (SAPIS) y el VII Encuentro Latinoamericano sobre Áreas Protegidas y Sistemas de Conservación (ELAPIS) se realizaron del 26 al 30 de mayo de 2026 en Brasilia, Brasil. Ambos se consideran espacios relevantes para el diálogo, el intercambio de experiencias y la construcción de propuestas sobre el presente y el futuro de la conservación en América Latina y el Caribe, con la participación de organizaciones de la sociedad civil, universidades, movimientos sociales y comunidades que trabajan por la conservación de la naturaleza.
La participación de la Red Territorios de Vida TICCA Latinoamérica del Consorcio TICCA, junto con organizaciones miembro y miembros honorarios, representantes de Pueblos Indígenas, Comunidades Locales y Afrodescendientes, organizaciones de apoyo, académicos y aliados, permitió visibilizar que la conservación no puede limitarse a las áreas protegidas estatales, sino que debe reconocer y fortalecer los sistemas de gobernanza colectiva que durante generaciones han protegido importantes ecosistemas del planeta.

La edición de 2026 tuvo lugar en un momento significativo, en el que América Latina enfrenta una creciente presión sobre sus territorios debido a la expansión de las actividades extractivas y de los grandes proyectos de infraestructura e inmobiliarios, al cambio climático, a los conflictos socioambientales y a las políticas que continúan privilegiando modelos de desarrollo incompatibles con la conservación de la biodiversidad y los derechos colectivos.
En este contexto, los territorios de vida llegaron a Brasilia con una agenda propia: fortalecer el reconocimiento de sus contribuciones, presentar iniciativas como la Moción 138 (Congreso de la Naturaleza 2025) y el Registro TICCA, consolidar la gobernanza en los territorios de vida y promover el ejercicio de sus derechos, así como compartir experiencias agroecológicas para sostener estos territorios. En conjunto, estas iniciativas demuestran que la conservación liderada por las comunidades constituye una solución efectiva frente a las múltiples crisis ambientales.
Una participación plural y regional
La delegación vinculada al Consorcio TICCA reunió experiencias provenientes de distintos países de América Latina: México, Panamá, Colombia, Bolivia, Ecuador, Chile y Brasil. Esta articulación fue posible gracias a la cooperación entre la Red Territorios de Vida TICCA Latinoamérica, la coordinación de la subregión Mesoamérica, U Yich Lu’um, GELIPAC y RELLAC-Jóvenes (red de jóvenes de América Latina vinculados a la conservación de áreas protegidas y conservadas), lo que permitió mostrar la diversidad etaria y la riqueza cultural, ecológica y política de los territorios de vida.

La agenda programada incluyó conferencias magistrales, paneles temáticos, mesas de diálogo, talleres participativos, presentaciones de investigaciones, espacios de intercambio entre comunidades y encuentros con representantes de la academia y organismos internacionales.
En este contexto, Albert Chan Dzul, coordinador de la subregión Mesoamérica de la organización U Yich Lu’um, ofreció una de las conferencias magistrales, titulada «Territorios de vida: materialización del reconocimiento de los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales a la conservación de la biodiversidad global».

En su ponencia, hizo un repaso histórico de la participación y el reconocimiento de los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales en el ámbito internacional de la conservación. También mencionó mecanismos de autorreconocimiento, como el Registro TICCA, y distintas mociones, entre ellas, la Moción 029 (2016), «Reconocimiento y respeto de los territorios y áreas conservados por pueblos indígenas y comunidades locales (TICCA) que se solapan con áreas protegidas», y la Moción 138 (2025), «Reconocer inequívocamente y apoyar eficazmente el papel crucial de conservación de los territorios de vida y de sus custodios».
Albert advirtió que«los aportes de los territorios de vida y de los Pueblos Indígenas y Tradicionales a la Meta 3 se reconocen como un indicador complementario, lo que significa que no son obligatorios para el cumplimiento de las metas del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal. Pero ¿por qué es un indicador complementario? El argumento es que no hay bases de datos confiables, no hay objetivos explícitos de conservación, no existen metodologías estandarizadas y faltan guías para el reconocimiento de los territorios indígenas y tradicionales».
Sin embargo, estos criterios son discutibles, ya que sí existen datos confiables sobre territorios conservados por Pueblos Indígenas y Comunidades Locales, estudios científicos, el Registro TICCA, mociones aprobadas que reconocen sus aportes y jurisprudencia global y local que los reconoce como sujetos de derechos. Además, hay algo muy importante: la materialización de la conservación en los territorios de vida se debe al reconocimiento de la conservación como un proceso de vida en el que hay interacción y cuidado entre todos los seres que habitan el territorio, y no solamente como un resultado de la conservación.

Según Albert, «es necesario seguir luchando por el reconocimiento, porque es un derecho ganado, tanto a nivel global como en cada país de América Latina. Por ello, los territorios de vida reivindican el proceso de autorreconocimiento y la revisión por pares, por ejemplo, como maneras de legitimar estos procesos, para no dejar que se ejecuten solo por agentes externos».
Uno de los principales mensajes compartidos durante los seminarios fue que los territorios de vida son sistemas vivos en los que la naturaleza, la cultura, la espiritualidad, los conocimientos tradicionales y la gobernanza comunitaria permanecen profundamente interrelacionados.
Luis Guillermo Izquierdo, presidente del Consejo del Consorcio TICCA, manifestó que, en Colombia, se reconocen como una agrupación de trabajo que busca generar sinergias y colaboraciones promovidas desde el Consorcio, con el objetivo de defender y promover los derechos de los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales, así como de ejercer la autogestión.

Los testimonios presentados evidenciaron que los Pueblos Indígenas y las comunidades campesinas, afrodescendientes, ribereñas y de pesca artesanal, entre otros grupos, continúan protegiendo bosques, humedales, montañas, sabanas, arrecifes, manglares y otros ecosistemas fundamentales mediante normas consuetudinarias y prácticas culturales transmitidas a través de generaciones.
El 21 de mayo se realizó el evento paralelo «Pueblos indígenas y comunidades locales en la Meta 3 del Marco Mundial de Biodiversidad: elementos para la implementación de la tercera vía», con el objetivo de posicionar una «tercera vía» para la Meta 3 del Marco Mundial de Biodiversidad, centrada en los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales. Se abordaron temas como la autodeterminación y la gobernanza propia, el reconocimiento y las salvaguardas, la evidencia y los indicadores generados desde los territorios, los derechos colectivos como base de la conservación, y la articulación política de cara a espacios clave, como la 28.ª reunión del OSACTT (julio-agosto de 2026 en Kenia), la COP17 sobre Biodiversidad (octubre de 2026 en Armenia) y el Congreso Mundial de Áreas Protegidas y Conservadas (Panamá, 2027).

Este evento paralelo fue organizado por la Red Territorios de Vida TICCA Latinoamérica; U Yich Lu’um, México; GELIPAC, Sudamérica; el Consorcio TICCA; el Instituto de Ecología de la UNAM, México; el Instituto de Ecología, A. C., México; y la Red de Mujeres Originarias por la Defensa del Mar, Chile.
Uno de los ejes más relevantes de la participación del Consorcio TICCA fue insistir en que la conservación efectiva solo es posible cuando se respetan plenamente los derechos colectivos. Diversas intervenciones recordaron que numerosos conflictos ambientales en América Latina tienen su origen en la falta de reconocimiento de los derechos territoriales y colectivos de los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales.
Las experiencias compartidas demostraron que, cuando las comunidades cuentan con seguridad territorial, autonomía para tomar decisiones y reconocimiento de sus sistemas de gobernanza, la conservación suele ser más sostenible y equitativa. En este sentido, se reafirmó que, para implementar las metas del Marco Mundial de Biodiversidad de KunmingMontreal, como las Metas 3, 19 y 22 se deben incorporar plenamente los principios de derechos humanos; consentimiento libre, previo e informado; equidad de género, y participación efectiva de las comunidades.
Uno de los aportes de los territorios de vida fue mostrar que la gobernanza comunitaria constituye una fortaleza para enfrentar los desafíos ambientales contemporáneos. Los representantes de los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales compartieron experiencias relacionadas con la vigilancia territorial, el monitoreo comunitario de la biodiversidad, la restauración ecológica, el manejo sostenible de los recursos naturales, la transmisión de conocimientos tradicionales y la soberanía alimentaria. Estas experiencias evidenciaron que la conservación liderada por comunidades depende de relaciones de reciprocidad, de la responsabilidad colectiva, de la identidad cultural y de un profundo conocimiento de los ecosistemas.
Yohana Coñuecar Llancapani llegó al SAPIS-ELAPIS para hablar del Lafken y de su ley. Es una mujer Mapuche Williche, originaria de la isla Llanchid, en la comuna de Hualaihué, Región de Los Lagos, Chile (Williche es la identidad por ser del sur de Chile). Pertenece a dos organizaciones: la Identidad Territorial Lafkenche y la Red de Mujeres Originarias por la Defensa del Mar.

Según Yohana, esta ley surgió por la demanda de las comunidades Lafkenche. Su articulado nació de una propuesta propia, basada en la memoria de los pueblos. Para su elaboración, se recorrieron varias regiones, donde suscitó interés y una amplia participación. Así, la ley recoge la forma en que las comunidades veían el mar.
El proceso tardó más de cinco años, porque uno de los desafíos fue interpretar y trasladar al lenguaje jurídico la comprensión del mar, expresada en Mapudungun (idioma ancestral del pueblo Mapuche). Fue un proceso bonito, largo y también muy duro, marcado por una historia de reivindicación y de muchos sacrificios, pero finalmente las comunidades lograron tener una ley propia, conocida como Ley Lafkenche, que reivindica el territorio y reconoce una gobernanza territorial costera única, que constituye una referencia para la región y el mundo.
El proceso de creación permitió movilizar a numerosos dirigentes de cuatro regionales, que se turnaban para participar en el Congreso durante las negociaciones. El proceso participativo generó vínculos familiares y comunitarios, entendimientos e intercambio de culturas, y dio lugar a la organización Identidad Territorial Lafkenche.
Los representantes de Brasil, Chile, Colombia, Panamá y México destacaron, a través de sus experiencias y conocimientos, que muchos territorios de vida han desarrollado mecanismos innovadores para aportar a la convivencia en los Estados nacionales, fortalecer la soberanía alimentaria, adaptarse al cambio climático y conservar la biodiversidad.

El Registro TICCA y la Moción 138 (2025)
Otro de los temas destacados fue el papel del Registro TICCA como un mecanismo internacional voluntario que permite documentar, visibilizar y comunicar datos relevantes de los territorios de vida, respetando plenamente la autodeterminación de las comunidades. Durante el encuentro, se compartieron avances regionales, aprendizajes y desafíos relacionados con el Registro. También se discutieron criterios éticos para garantizar que cualquier proceso de documentación respete la voluntad de las comunidades y contribuya efectivamente a fortalecer sus procesos territoriales.
En relación con la Moción 138, que fue aprobada por el Congreso de la Naturaleza en 2025, se presentó una moción titulada «Apoyo a la implementación de la Moción 138 de la UICN (2025) y el reconocimiento a los Territorios de Vida y sus sistemas de gobernanza propia como vía sui generis para la conservación de la biodiversidad», con el objetivo de incentivar su implementación. Esta propuesta será tomada en cuenta en los documentos preparatorios para el Congreso Mundial de Áreas Protegidas y Conservadas, que se celebrará en Panamá en 2027.
Algunas consideraciones finales
Más allá del intercambio técnico, el XII SAPIS y el VII ELAPIS constituyeron importantes espacios de incidencia e intercambio para preparar el camino hacia el Congreso Mundial de Áreas Protegidas y Conservadas, que se llevará a cabo en Panamá en octubre de 2027.
En resumen, los principales temas que se abordaron y que se mantendrán en agenda para las próximas acciones son los siguientes:

- Reivindicar el autorreconocimiento y el reconocimiento de los territorios de vida y sus sistemas propios de gobernanza.
- Garantizar los derechos territoriales y colectivos de los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales y Afrodescendientes.
- Fortalecer los mecanismos de financiamiento directo para iniciativas comunitarias de conservación.
- Promover la participación efectiva de las comunidades en las decisiones sobre conservación.
- Incorporar indicadores de cabecera que reflejen las contribuciones de la gobernanza comunitaria.
- Evitar soluciones basadas exclusivamente en modelos centralizados de conservación.
- Enfocar la comunicación desde una perspectiva comunitaria para aportar a los procesos de conservación y defensa de los territorios de vida en la región.
En este evento se demostró que los territorios de vida no son actores periféricos dentro de la agenda de conservación, sino que son protagonistas fundamentales de las soluciones que hoy necesitan América Latina y el mundo para enfrentar la crisis climática y la pérdida acelerada de biodiversidad. Su reconocimiento, fortalecimiento y participación efectiva seguirán siendo elementos esenciales para avanzar hacia una conservación verdaderamente inclusiva, basada en derechos y comprometida con el bienestar de las generaciones presentes y futuras.
Más información: XII SAPIS y VII ELAPIS https://sapis.eco.br/


