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“30 by 30” es una distracción, enfoquémonos en una administración holística del océano por Pueblos Indígenas y comunidades locales

Opinión: La campaña “30 by 30” para áreas marinas protegidas marginará a las personas que, lejos de contribuir al problema, son parte importante de la solución desde hace mucho tiempo

Por Hugh Govan* y Mohammad Arju**

* Asesor técnico de la Red de Áreas Marinas de Gestión Local (LMMA, por sus siglas en inglés) (Miembro); y Miembro Honorario del Consorcio TICCA
** Coordinador de Comunicaciones del Consorcio TICCA

Traducido del inglés por Pilar Caamaño

El desarrollo no sostenible y la enorme industria extractiva han llevado al actual estado de crisis ecológica. Nos enfrentamos a crecientes amenazas masivas para la diversidad biológica y cultural en todo el mundo. Todos estamos preocupados y muchos de nosotros, muchas comunidades y naciones en todo el mundo estamos haciendo esfuerzos por mantener la diversidad de la vida y conservar nuestros territorios.

En respuesta a la crisis de la biodiversidad, algunas agrupaciones multinacionales ambientalistas con base en el norte global y un número creciente de gobiernos se están uniendo para apoyar una campaña con un eslogan atractivo: 30 by 30. La campaña pide la “protección” del treinta por ciento de la tierra y de los océanos del mundo para 2030.

Al usar la palabra “protección” sin matices, la campaña promueve establecer áreas marinas protegidas en el treinta por ciento de las áreas oceánicas, lo que podría restringir severamente actividades como la pesca de subsistencia y la pesca a pequeña escala. Dicha campaña pretende incluir este objetivo en el marco de biodiversidad mundial pos-2020 de la Convención sobre Diversidad Biológica (CBD), que establecerá la ley y las políticas de conservación de la biodiversidad y de la naturaleza durante al menos la próxima década.

En esta campaña, vemos la pasión por “hacer algo”. También vemos lo simple que es encontrar un eslogan pegadizo que la gente pueda usar como un grito que entusiasme a mantener y restaurar la biodiversidad. A primera vista, esta campaña puede parecer la correcta, pero no lo es.

 

La campaña 30 by 30 es una amenaza para los derechos de los Pueblos Indígenas y las comunidades locales

Este objetivo de área “protegida” que proponen como meta definitivamente no es acertado para las crisis que enfrentamos. En esta campaña se pasan por alto los muchos aspectos interconectados en las crisis de la biodiversidad, el clima y la desigualdad, y la complejidad de estas en muchas partes del mundo, incluyendo los grandes estados oceánicos, no se están considerando en esta campaña. La propuesta de acción no tiene en cuenta las principales causas de la crisis planetaria ni cómo reconducirlas.

Los gobiernos regulan de forma deficiente a los más poderosos y destructivos que (ab)usan del medio ambiente y esto no se va a arreglar declarando grandes áreas bajo “protección”. Con demasiada frecuencia, se permite que la pesca más destructiva continúe sin cesar o incluso se subvenciona, mientras que la pesca de subsistencia y comunitaria es criminalizada.

Hay muchas razones para pensar que esta campaña podría afectar de manera desproporcionada a los menos poderosos. Debido a que la propuesta no considera adecuadamente los conflictos de soberanía de las naciones Indígenas, la integridad territorial de los Pueblos Indígenas y sus derechos y los de las comunidades locales, ni siquiera permitirá que los más afectados participen de manera significativa y mucho menos que decidan sobre la conservación de sus territorios. Esta campaña sustenta aún más la injusticia que ya es sello distintivo de la destrucción ambiental que ha beneficiado a unos pocos a expensas de la gran mayoría .

Los Pueblos Indígenas y las comunidades locales contribuyen enormemente a la biodiversidad al conservar sus tierras y sus territorios de vida colectivos. Esto ya es un hecho reconocido en muchas decisiones de la CBD y en políticas de algunas organizaciones para la conservación. Los objetivos propuestos por 30 by 30 podrían perturbar significativamente los sistemas de gobernanza, gestión y conservación de los Pueblos Indígenas y las comunidades locales en todos los territorios de vida acuáticos, tanto en áreas costeras como mar adentro.

Costarica Pacific Dorado

Niños jugando cerca de un pescador y un cubo con dorados en la costa del Océano Pacífico en Tárcoles, Costa Rica. En diciembre, el verano en la costa pacífica de Costa Rica aumenta la captura del dorado que implica algunos ingresos extra para las comunidades de pesca artesanal. Cuando los pescadores llegan a la orilla con la pesca, la familia siempre está ahí para darles la bienvenida. Foto: Vivienne Solís Rivera / CoopeSoliDar R.L.

Estas comunidades no quieren que sus territorios caigan bajo lo que la campaña 30 by 30 llama la categoría “protegida”. No quieren que sus esfuerzos se utilicen para encubrir las deficiencias de la responsabilidad gubernamental y empresarial para proteger el medio ambiente.

En muchos países, no existen sistemas adecuados para la participación pública en la gobernanza ambiental y en el proceso de establecimiento de áreas “protegidas”. Para los Pueblos Indígenas, incluso el proceso de buscar el consentimiento libre, previo e informado se ha convertido en un desafío que a menudo está manipulado. Durante años, muchos han trabajado con esfuerzo para intentar asegurar que los Pueblos Indígenas y las comunidades locales estén involucrados de forma significativa en las decisiones sobre sus tierras y territorios.

Una preocupación considerable es que, en el pasado, este tipo de propuestas de áreas “protegidas” han conducido a privar a las personas de expresar su opinión en relación con lo que sucede en sus territorios e incluso en sus países. Actualmente los países más ansiosos por implantar esta nueva campaña 30 by 30 no han cambiado y es extremadamente probable que priven de sus derechos a los Pueblos Indígenas y locales en el proceso.

En el océano, las áreas “protegidas” adquieren un aspecto totalmente diferente y esta campaña afecta de manera desproporcionada a los grandes estados oceánicos del Pacífico y otros lugares. Se anima a los países a declarar las áreas marinas protegidas extensas – por lo menos el 30 % de su territorio -, pero la mayor parte de estas áreas se sitúan en partes relativamente “vacías” del océano.

El sustento de estas poblaciones depende en gran parte de los arrecifes de coral costeros, de los manglares y de otros hábitats junto a su fauna asociada. Si existe un compromiso político y financiero, ¿no tendría más sentido trabajar junto a las comunidades costeras para reducir las amenazas de TODOS los arrecifes, manglares y recursos costeros?

Por otra parte, las amenazas en el océano abierto no respetan los límites de las áreas “protegidas” tal y como tampoco lo hacen la mayor parte de las especies con valor comercial.

Dhimurru Aboriginal

Los Pueblos Indígenas y las comunidades locales contribuyen enormemente a la biodiversidad al conservar sus tierras y territorios de vida colectivos. En esta foto, guardabosques Indígenas en el área aborigen de Dhimurru, en el mar Arafura, se hacen cargo de una tortuga marina. Foto: Grazia Borrini-Feyerabend.

El atún, por ejemplo, migra y desova en muchas jurisdicciones del Pacífico, lo que ha permitido satisfactorias experiencias internacionales de gobernanza, que no implican a las “áreas protegidas”. Esa es quizá parte de la razón de que estas experiencias no hayan sido consideradas adecuadamente por los abanderados por la conservación.

Es decepcionante ver como grandes organizaciones por la conservación continúan promoviendo la campaña 30 by 30 sin estas consideraciones ni matices, y sin realizar los estudios adecuados ni consultar con los Pueblos Indígenas ni con las comunidades, quienes probablemente serán los más afectados por las decisiones que deriven de ella. Sin duda las consignas simplistas y las supuestas panaceas hacen que estas campañas sean atractivas para el público.

Pero lo que necesitan los Pueblos Indígenas y las comunidades es aclarar lo que representa la sostenibilidad para ellos y trabajar conjuntamente en prioridades y enfoques autodeterminados, y, en el proceso, dejar de ser dependientes de benefactores externos que imponen medidas inadecuadas.

Existen numerosos ejemplos positivos de cómo los Pueblos Indígenas y las comunidades lideran y contribuyen a la conservación, al uso sostenible y a la restauración de pesquerías y sistemas oceánicos. Las organizaciones conservacionistas y los estados-nación pueden desempeñar un papel positivo en el apoyo a estas iniciativas, pero deben empezar por escuchar.

La falta de sensibilidad y de diálogo sobre estos temas no debería opacar la posibilidad de aprovechar la solidaridad y unir fuerzas para abordar las principales problemáticas que afectan al océano. En el caso de los Pueblos Indígenas y locales, así como en los países del Sur global y de las islas pequeñas (también conocidas como grandes estados oceánicos), debemos tener cuidado de no marginar a las personas que, lejos de contribuir al problema, han sido parte importante de la solución desde hace mucho tiempo. Pedimos más diálogo acerca de esta temática.

 

Imagen destacada: Una mujer local en los manglares de Gambia. Foto: Grazia Borrini-Feyerabend

Imagen de portada: Este contenido no refleja necesariamente las opiniones del Consorcio TICCA en su conjunto