Mujeres ribereñas y del mar construyen espacios de intercambio de experiencias en pesca sostenible y acuicultura, a la vez que abordan los efectos del cambio climático en sus territorios marino-costeros y elaboran agendas conjuntas para ganar visibilidad.
First published on 06/25/2026
Por Nuiwari
El mar siempre ha marcado el ritmo de nuestras vidas
Desde antes del amanecer, cuando las embarcaciones salen a pescar, hasta las largas jornadas de limpieza, empaque y comercialización de los productos del mar, las mujeres han estado presentes, de manera histórica, en cada etapa de la actividad pesquera y acuícola de Nayarit. Han aprendido a leer las mareas, los vientos y las temporadas. Transmiten conocimientos de generación en generación y sostienen a sus familias y comunidades con un trabajo que, con frecuencia, no es reconocido.
Pero algo cambió
Las mujeres de comunidades como Boca de Camichín, Paso de Álica, El Colorín, Pescadero, Francisco Villa, Unión de Corrientes, Antonio R. Laureles, San Miguel, San Juan Corapan, El Cantón y San Blas observan cómo los ecosistemas que han conocido toda su vida se transforman cada año con mayor rapidez. Las tormentas son más intensas, los ciclos de cultivo ya no siguen los patrones de antes, algunas especies son cada vez más escasas y la contaminación afecta los cuerpos de agua de los que dependen miles de familias.
Para quienes viven de la pesca y la acuicultura sostenibles y adaptadas al entorno, la crisis climática no es una discusión lejana ni una estadística en un informe internacional. Es una realidad que se experimenta en cada temporada incierta, en cada cosecha afectada y en cada esfuerzo por sostener los medios de vida comunitarios frente a un entorno en constante transformación.

Sin embargo, la historia de estas mujeres no es únicamente una historia de afectaciones; también es una historia de organización, resistencia y esperanza.
Desde la Red de Mujeres Ribereñas y del Mar, junto con la organización aliada Marea Sostenible, mujeres pescadoras, acuicultoras, buzas, empacadoras, comercializadoras, jóvenes, profesionales y defensoras del territorio han comenzado a construir espacios para encontrarse, compartir experiencias y visibilizar una realidad que durante mucho tiempo permaneció ignorada.
Aunque participan activamente en toda la cadena de valor pesquera, muchas continúan enfrentando barreras para acceder a espacios de toma de decisiones, programas de apoyo y reconocimiento comunitario e institucional. Su trabajo suele quedar en segundo plano, a pesar de ser fundamental para el funcionamiento de las economías locales y para la seguridad alimentaria de sus comunidades.
Frente a la crisis climática, estas mujeres decidieron actuar
Las mujeres impulsan acciones de conservación del océano, los manglares, las cuencas y los sistemas lagunares, que funcionan como barreras naturales frente a fenómenos extremos. Promueven campañas de educación ambiental y de manejo responsable de residuos; actúan en el mar, buceando para retirar las redes abandonadas; participan en diagnósticos comunitarios para identificar riesgos y necesidades locales y, además, trabajan en la conformación de comités ciudadanos que fortalecen la capacidad de respuesta de las comunidades ante emergencias y cambios ambientales. Cada una de estas acciones nace de una certeza compartida: quienes habitan el territorio poseen conocimientos esenciales para protegerlo.
Las mujeres ribereñas y costeras no solo observan los cambios; también los documentan, los analizan y generan respuestas desde la experiencia cotidiana. Su conocimiento proviene de años de convivencia con el mar, los esteros, los manglares y las lagunas. Es un saber construido desde el trabajo, el cuidado y la memoria colectiva.
En un momento en que la crisis climática amenaza cada vez más los ecosistemas y las formas de vida de las comunidades costeras, escuchar las voces de las mujeres resulta indispensable, no solo porque son una de las poblaciones más afectadas por estos procesos, sino también porque están construyendo alternativas para enfrentarlos. Además, reconocer su liderazgo implica reconocer que la defensa del territorio, la conservación ambiental y la sostenibilidad de la pesca no pueden pensarse sin las mujeres.
Cada vez que protegen un manglar, organizan a una comunidad o defienden un cuerpo de agua, no solo cuidan un ecosistema; también resguardan la posibilidad de que las futuras generaciones continúen encontrando en el mar una fuente de vida, identidad y sustento.
Si el mar cambia, el territorio y sus vidas también se transforman. Por eso, al organizarse para defenderlo, se protege el presente y se transforma el futuro de las comunidades.


