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Preservar las variedades de cacao en Colombia

Por: Guillermo E. Rodriguez-Navarro, Cultural and Spiritual Values of Protected Areas

En la Sierra Nevada de Santa Marta (Colombia) familias Arhuacas cultivan una especie de Cacao que está al borde de la extinción. De hecho, mientras la Organización Internacional del Cacao (ICCO) estima un déficit que puede superar las 17.000 toneladas en 2015, por lo que se requerirán fuentes que suplan esta demanda, en la Sierra Nevada se trabaja para exportar este producto desde las montañas hasta Asia, Europa y los Estados Unidos, allá donde solamente quienes pertenecen a su comunidad pueden acceder.

Aunque el cacao colombiano es reconocido por su sabor y aroma especial –que, según la ICCO, solamente tiene el 5% de la producción mundial – el país aún está ubicado en la parte baja de la tabla de exportadores, colocando en el mercado internacional más de 7.000 toneladas anuales. El cacao de la Sierra Nevada es endémico y entonces se encuentran especies  únicas. Su sabor particular viene de la combinación de los sabores frutales que le dan la vegetación tropical y la brisa del Mar Caribe.

La historia empezó en 2001, cuando se buscaban proyectos y producción para sustitución de cultivos para frenar el fenómeno de tala causada por la producción de marihuana, inicialmente, y posteriormente coca. Luego llegó a Colombia un grupo llamado Cacao Hunters que recorre el mundo en busca de los mejores cacaos. Esta vez estuvieron en busca de productos con características diferentes a las de países como Costa de Marfil y Ghana, que, según cifras de Procolombia, son los principales productores a nivel mundial, superando las 700.000 toneladas anuales.

Cacao Hunters, llegó a territorio de los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta y reconoció en la tierra de los Arhuacos unos cacaos criollos que representan menos del 1% de la producción del mundo. Para  Cacao Hunters, junto con la Fundación Pro-Sierra Nevada de Santa Marta, el primer paso fue establecer una relación con las comunidades, explicarles por qué era importante trabajar por este fruto. La clave, según el gerente de Cacao Hunters, era entender que para los indígenas el cacao representó una moneda de cambio y una fuente de alimentación, entre otras funciones. Por eso, tendrán que mostrar su capacidad a ser un mecanismo de apoyo a los Arhuacos a retomar la siembra, la conservación y la utilización del producto como fuente de ingresos.

Adentro de la fruta de Caco
© Fundación Pro-Sierra Nevada de Santa Marta

Mientras que durante los procesos de conquista y colonización, en los siglos XVII y XVIII los Taironas (nombre genérico del grupo prehispánico a la llegada de los españoles) se desligaron del cacao, esta fruta ha sido un elemento importante para las comunidades de Latinoamérica como bebida y moneda de intercambio. Hoy en día, ellos quieren preservarlo porque ser de interés  cultural.  Por su parte, el mamo (sacerdote indígena generalmente mayor) del pueblo Arhuaco, Camilo Villafaña, manifiesta que “el cacao ha sido una fuente de energía y ha tenido un valor cultural muy importante para los pueblos indígenas de la Sierra Nevada. Durante mucho tiempo nos hemos olvidado de su importancia y hoy estamos retomando nuestras costumbres”.

Con este proyecto, que recibe el apoyo de Cacao de Colombia, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo (USAID) y la organización ACDI/VOCA, se beneficiarán más de 600 familias. Uno de los aportes en la implementación de éste, es que en los procesos para cultivar la fruta no están participando solo los adultos de la comunidad, sino que han integrado también a los jóvenes, lo que garantiza la permanencia del proyecto a largo plazo.

La idea es generar procesos productivos en la comunidad Arhuaca, y además, Cacao Hunters quiere replicar el proyecto en otras regiones del país donde hoy, según la Federación Nacional de Cacaoteros, se cultivan cerca de 40.000 toneladas anuales. Más allá de la rentabilidad que puede dejar la comercialización del producto en mercados como el japonés, estadounidense y varios europeos, las organizaciones esperan también proteger un cacao porcelano único en el mundo y que está al borde de la extinción.

Imagine que podrá consumir productos hechos a base de este fruto, cultivado por una de las comunidades indígenas más aisladas del país, y cuyo proceso de fermentación empieza en el momento mismo en que los indígenas echan un bulto a lomo de mula durante ocho horas. Eso para que la fruta sea recibida y procesada en un planta desde la que se espera que en los próximos años, se exporten más de 30 toneladas anuales del cacao más exclusivo hacia un planeta preocupado por el desabastecimiento.

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