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Nueva coordinación de la subregión Amazonía

La coordinación de la subregión asumirán la Red TICCA Colombia y el Resguardo Indígena de Origen Colonial Cañamomo Lomaprieta, un territorio de vida desde siempre

Crédito: Archivo Resguardo Cañamomo Lomaprieta

First published on 02/26/2026, and last updated on 03/24/2026

Por: Yvets Morales Medina, coordinadora de comunicaciones para Latinoamérica


Desde enero de 2026, la subregión Amazonía del Consorcio TICCA cuenta con una nueva coordinación, asumida por la Red TICCA Colombia y su miembro fundador, el Resguardo Indígena de Origen Colonial Cañamomo Lomaprieta.

Hasta el año pasado, este rol fue desempeñado por la Asociación Savia de Bolivia, bajo la coordinación de Carmen Miranda, bióloga especializada en limnología y gestión de áreas protegidas. Carmen es una compañera comprometida con los territorios de vida, a quien agradecemos profundamente por la labor realizada.

La Red TICCA Colombia, junto con el Resguardo Cañamomo Lomaprieta, conformó un equipo de trabajo que asumió la coordinación de la Secretaría de la subregión. La Redse constituyó en noviembre de 2018 como una agrupación de comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas, con el objetivo de visibilizar, fortalecer, defender y apoyar los territorios de vida. Actualmente cuenta con 38 miembros: 18 Pueblos Indígenas, 6 comunidades negras, 3 comunidades campesinas, 6 organizaciones de base comunitaria y 5 organizaciones aliadas.

Su estructura organizativa está compuesta por una asamblea, un comité coordinador, un comité de apoyo y revisión entre pares, y nodos regionales, como el Nodo Amazonía. En la actualidad, Laura Peña, lideresa campesina del Putumayo, es la coordinadora de la Red TICCA Colombia.

El Resguardo Indígena de Origen Colonial Cañamomo Lomaprieta es uno de los miembros fundadores de la Red. Según su Plan de Vida (2009), se ubica a 1183 msnm, en las estribaciones de la cordillera Occidental, en la vertiente del río Cauca, entre los municipios de Riosucio y Supía, en el departamento de Caldas. Cañamomo Lomaprieta es uno de los seis resguardos legalmente constituidos en este departamento.

Administrativamente, está conformado por 32 comunidades: 20 en el municipio de Riosucio y 12 en el municipio de Supía. Su extensión total es de 4 826 hectáreas, equivalentes a 37,6 km2.

Conversamos con María Alejandra Holguín y con Héctor Jaime Vinasco, consejero de gobierno, para conocer la trayectoria de este territorio de vida.

P: Recurriendo a la memoria larga de los pueblos, queremos preguntarle, compañero Héctor, ¿por qué se definen como un Resguardo Indígena de Origen Colonial?

R: El concepto de origen colonial se debe a que es un resguardo que data de la década de 1540, cuando la corona española, incluso con influencia alemana, inició procesos para regular y tomar decisiones sobre las comunidades que ya existían en el continente americano. Para ese entonces, el rey ya tenía conocimiento de estas comunidades ubicadas en lo que hoy es el occidente del departamento del Cauca, en gran parte porque éramos un resguardo muy rico en oro.

La existencia de importantes yacimientos de oro despertó el interés de los colonizadores. Hacia 1559 ya había más de 600 indígenas esclavizados trabajando en las minas y se generaron importantes disputas en torno al territorio. En 1627 se realizó una primera visita para resolver asuntos territoriales de las comunidades indígenas, a quienes llamaban «naturales».

Posteriormente, se llevaron a cabo otras visitas de virreyes y de personas encomendadas por el rey o por las audiencias que instauraron la institucionalidad colonial europea o española en nuestro territorio. Desde entonces existen registros de la defensa de nuestras tierras, una lucha que se ha mantenido siglo tras siglo.

Mapa del Resguardo Cañamomo Lomaprieta. Fuente: Resguardo Cañamomo Lomaprieta

Durante los años 1900 sostuvimos discusiones jurídicas, ya en el marco de la institucionalidad republicana, para lograr el reconocimiento de los títulos del resguardo. Las primeras escrituras de nuestro territorio se emitieron en 1903 y 1936, y posteriormente en 1953. Desde entonces, nuestras discusiones ha girado en torno al territorio.

P: A la discusión territorial se suman las manifestaciones culturales y los procesos de mestizaje. En este contexto, ¿cómo confluye la diversidad?

R: Claro. Este resguardo, además de mantener una profunda importancia cultural en términos de articulación, vivió procesos de mezcla y mestizaje con distintas culturas que llegaron a nuestro territorio. Trajeron música, flautas, guitarras, muchos sonidos, arte y gastronomía. Hoy, esa diversidad cultural es una de las grandes riquezas de nuestro resguardo. Pero también permanece la huella de la lucha y la resistencia por el territorio.

Crédito: Archivo Resguardo Cañamomo Lomaprieta

P: Volviendo al tema territorial, ¿cómo están organizados?

R: En términos territoriales tuvimos varias segregaciones. El resguardo superaba las 14 000 hectáreas y, desafortunadamente, en 1784 el abogado Ramón Elías Palau convenció al agrimensor de la comunidad, Gregorio Trejos, de desistir del reclamo sobre el territorio ancestral, emitir títulos legales y registrar las tierras. En ese momento, el territorio se defendía como un derecho colectivo. Como resultado de esa maniobra, se perdió una parte importante del resguardo, lo que nos llevó a sostener una larga disputa por los derechos colectivos y la seguridad jurídica.

Por otro lado, tenemos una realidad demográfica compleja: la población es superior a la cantidad de hectáreas disponibles, lo que resulta insuficiente para garantizar un sustento digno a las familias. Actualmente contamos con 4 837 hectáreas y 23 657 habitantes.

Aun así, siempre hemos dicho que es necesario destinar áreas a la protección de las fuentes de agua y de los espacios sagrados, donde habitan los espíritus y la medicina. En la actualidad contamos con alrededor de 186,5 hectáreas dedicadas exclusivamente a la conservación.

Podemos decir que todo el territorio es un área de conservación. En particular, hemos designado áreas específicas para la protección de los ecosistemas. Nuestra visión busca preservar lo cultural, lo espiritual, lo ecológico y lo natural: protegemos el conocimiento y la sabiduría ancestral, la riqueza de nuestros ecosistemas y la vida de las demás especies que habitan nuestro territorio.

Crédito: Archivo Resguardo Cañamomo Lomaprieta

P: ¿Qué sucedió a partir de 2015, tras la sequía y el incendio de sus cerros sagrados?

R: La sequía y el incendio de nuestros cerros espirituales o tutelares nos llevaron a tomar decisiones estratégicas y a pensar en lo ecológico. A partir de ese momento nació el Programa de Patrimonio Natural y Asuntos Mineros. Elaboramos un plan de trabajo que implicó el desarrollo de siete líneas: biodiversidad, aguas, educación, ecosabiduría ambiental, cambio climático, residuos sólidos y gestión de riesgos.

La línea de biodiversidad nos permitió pensar que era muy necesario la articulación con aliados estratégicos para cumplir el plan. Decidimos iniciar un proceso de siembra de árboles con una meta inicial de 10 000. Alcanzamos esa cifra rápidamente y luego nos propusimos llegar a 30 000, objetivo que también cumplimos en poco tiempo gracias a la articulación comunitaria, con mingas de más de 300 personas sembrando por todo el resguardo.

Crédito: Archivo Resguardo Cañamomo Lomaprieta

Luego decidimos alcanzar los 70 000 árboles y superamos esa cifra con el apoyo de Wildlife Conservation Society – WCS. Posteriormente, nos propusimos alcanzar los 100 000 y también lo logramos. Desde entonces, seguimos con la siembra.

P: ¿Cómo conocieron los TICCA, territorios de vida?

R: En Colombia, el Programa de Pequeñas Donaciones (PPD) se enfocaba principalmente en financiar una serie de iniciativas comunitarias orientadas a la conservación, la protección de la Madre Tierra y el cuidado de los ecosistemas. Además, apoyaba el desarrollo de los TICCA.

Fue así como conocimos la existencia de una red internacional que abogaba o luchaba porque existiera un mecanismo de reconocimiento del trabajo que hacemos como comunidades locales e indígenas. Aprendimos que teníamos la posibilidad de reportar las áreas de conservación y de participar en una estrategia a nivel internacional.

Entonces, nos metimos de lleno. Nos presentamos a una convocatoria y el PPD financió un pequeño proyecto que incluía acciones ambientales contempladas en el plan que mencioné, así como la posibilidad de acercarnos a la red global y de crear una red nacional.

Somos fundadores de la Red TICCA Colombia. Tuve la oportunidad de ser el coordinador, lo que nos permitió conocer de primera mano la iniciativa global y el Registro TICCA.

En definitiva, podemos decir que somos TICCA, territorio de vida, desde siempre porque tenemos un pensamiento y una sabiduría orientados a la conservación de nuestro territorio. Tenemos un territorio, una autoridad, un área y un polígono definidos.

P: ¿Cómo explicaría qué son los territorios de vida?

R: Los territorios de vida TICCA han existido siempre, son todo lo que hemos hecho históricamente.

Además de esto, decidimos participar en el proceso TICCA mediante el autorreconocimiento comunitario.  En asamblea, y por decisión unánime, las comunidades y la autoridad central acordaron declararse territorio de vida.

Hicimos la declaración de ser un territorio vida, nos inscribimos como miembros del Consorcio Global y, posteriormente, realizamos el proceso en el Registro TICCA. Desde la coordinación de la Red también promovimos el registro de otras comunidades del país.

P: ¿Qué es el Registro TICCA?

R: Creo que el Registro es una estrategia importante. Tal vez algunas comunidades aún no dimensionan su potencial político ni las posibilidades que ofrece para defendernos frente al modelo extractivista.

Por eso lo hemos promovido con amigos y gente de distintos países con los que coincidimos en esta bonita experiencia de red. Es una de las cosas que pensamos impulsar.

P: Con toda la experiencia que tienen en gobernanza, ¿cuáles son las perspectivas para la coordinación de la subregión Amazonía?

R: Vamos a contestar esta pregunta en dos voces, junto con Alejandra.

En primer lugar, como Resguardo nos encontramos en un debate profundo sobre el desarrollo y la protección jurídica de nuestras tierras. Esta es una de las razones que nos llevó a participar en la red y a registrarnos en el Registro TICCA. Creemos que posiblemente tengamos que enfrentar escenarios internacionales, como una demanda ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos y, en ese contexto, esperamos contar con la solidaridad de la red.

Nuestra experiencia como filial y como directivos de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) nos ha permitido saber que en el país hay una situación bastante lamentable derivada del modelo extractivista, que golpea fuertemente los procesos de autonomía, gobierno, cultura y, en general, los procesos de vida de las comunidades. Se trata de un modelo que no respeta la consulta ni el consentimiento libre, por lo que las alianzas son necesarias.

En segundo lugar, creemos que nos comprometemos con un proceso solidario en el que queremos acompañar desde nuestra experiencia y desde el propio desarrollo de nuestras comunidades y procesos locales al fortalecimiento de las redes de cada país, así como de los procesos continentales y de la subregión Amazonía. Por otro lado, queremos seguir promoviendo el Registro TICCA.

P: María Alejandra Holguín es una joven psicóloga del Resguardo Cañamomo Lomaprieta y ha sido designada como representante en la coordinación de la subregión Amazonía. Con sus reflexiones cerramos este diálogo. ¿Qué podemos esperar de la nueva coordinación?

R: Una de las proyecciones claras para la subregión es consolidar la alianza en materia de datos, especialmente en lo relacionado con la documentación y el registro de nuevos territorios de vida, así como el seguimiento de aquellos que ya están registrados en la subregión Amazonía.

De la misma forma, queremos afianzar la alianza en comunicaciones entre las distintas redes. Una de las primeras misiones será acompañar la recolección de datos y el proceso de registro del Pueblo Saamaka de Surinam.

Consideramos que la interlocución entre territorios de vida es fundamental para posicionar y fortalecer la agenda política de cada comunidad, teniendo en cuenta que abarca distintos pueblos y comunidades, en un marco intercultural. A su vez, queremos proyectar ese mismo enfoque hacia otros países y otras subregiones, como Mesoamérica y el Cono Sur. También queremos crear alianzas estratégicas que nos ayuden a avanzar y apoyarnos en los profesionales, así como en las y los mayores y sabedores de cada comunidad. Así podremos fortalecernos como subregión y brindar apoyo a cada una de las comunidades.

María Alejandra Holguín y Héctor Jaime Vinasco en el Resguardo Cañamomo Lomaprieta. Crédito: Archivo Resguardo Cañamomo Lomaprieta

Para finalizar…

Proponen que el Consorcio y la Red Global establezcan una línea de apoyo y acompañamiento a las comunidades para promover el registro de sus tierras como territorios colectivos, dado que en algunos países los gobiernos y las instituciones estatales niegan el reconocimiento jurídico de ese derecho, siendo un mecanismo que fortalece el ejercicio de la autonomía y de la autoridad; además, es importante profundizar el respeto a la libre determinación.

Asimismo, plantean la necesidad de una alianza fuerte con la ONU para impulsar el derecho a la autodeterminación de los pueblos, lo que ayudaría en la defensa de los territorios de vida.

Por último, dejan abiertos los canales de comunicación para que puedan contactarse. La Secretaría queda a disposición de la membresía para participar, acompañar, asesorar y aprender mutuamente, con el fin de avanzar en la construcción de la red de territorios de vida en América Latina y el mundo.

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