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Playa de Oro, Territorio de Vida Donde el Bosque Cobija la Libertad

Por Paola Maldonado Tobar, copresidenta del tema «Documentar los territorios de vida» en el Consejo del Consorcio TICCA, y directora de la organización ALDEA, Miembro del Consorcio TICCA.
Directamente extraído de este artículo en la página de ALDEA.

Sus ancestras y ancestros llegaron desde el Tumaco (1) hace más de 550 años huyendo de la esclavitud. El bosque húmedo tropical de las estribaciones occidentales de la cordillera de los Andes, los ríos y las cascadas dieron cobijo a su libertad. Actualmente son 76 familias que heredaron alrededor de 11 mil hectáreas de bosque que constituyen la Comuna Playa de Oro, en las parroquias Luis Vargas Torres y 5 de Junio, del cantón Eloy Alfaro, provincia de Esmeraldas, en la costa norte del Ecuador. Con el orgullo, la fuerza y la dignidad que les brilla en la piel, esta comunidad afroecuatoriana defiende su bosque de la minería, de la deforestación y de las plantaciones de palma que acosan su territorio.

¡Playa de Oro es Territorio de Vida!

“Playa de Oro es un pueblo que ha sido reconocido por su manera de pensar y hacer las cosas. Aquí, cuando se decide algo es con la venia de todos: jóvenes, adultos y niños. Son medidas que se toman en asamblea. En otras partes no son comunas tan unidas y cada quien hace lo que quiere hacer. En Playa de Oro cuando se piensa en algo es entre todos” (Damián Arroyo, Presidente de Playa de Oro).

Atardecer en Playa de Oro, a orillas del río Santiago. Foto: @EduLeon, Fundación ALDEA, 2019.

El pasado 29 de julio, en una asamblea comunitaria, Playa de Oro tomó la decisión de registrarse en la Base Mundial de Territorios de Vida, administrada por el Centro Mundial de Monitoreo de la Conservación (WCMC). Una de las características esenciales de los Territorios de Vida es la capacidad de tomar decisiones sobre su propio territorio. La Comuna ya consta en esta Base Mundial, cuyo objetivo es reconocer los esfuerzos propios, autodeterminados de pueblos, nacionalidades y comunidades locales alrededor del mundo por gestionar sus territorios y conservar la biodiversidad. El Registro es el resultado de un camino iniciado en el año 2017, cuando la Comuna Playa de Oro se sumó al proceso de Reconocimiento y Fortalecimiento de los Territorios de Vida en el Ecuador. En este año, se conformó el equipo comunitario encargado de acompañar a nivel territorial el proceso de reflexión, consulta y toma de decisión sobre el Registro en la Base Mundial. Una delegación de la Comunidad Ancestral Agua Blanca, Manabí, que también está registrada como Territorio de Vida, acompañó la discusión y la decisión.

Asamblea Comunitaria en Playa de Oro. Foto: @EduLeon, Fundación ALDEA, 2019.

“Me ha emocionado tanto que la comunidad no dio marcha atrás para entrar a esto del Registro TICCA. Dimos el mensaje concreto, la gente estaba conmovida por entrar al Registro a pesar de que les dijimos que no habían beneficios económicos, pero para nosotros tener todo nuestro territorio libre es nuestra economía” (Manuel Ayoví, a sus 19 años fue el primer presidente con nombramiento de la Comuna)”.

Una relación cotidiana y extraordinaria con el territorio

Los guardabosques comunitarios recorren el territorio y verifican que los acuerdos internos de uso del bosque, donde custodian la biodiversidad y la cultura, se mantengan y se cumplan. Son recorridos extenuantes a los que se suman, cada cierto tiempo, los jóvenes del Club Deportivo para apoyar en la limpieza de los linderos, pero también para conocer y reconocer lo que sus padres y madres les han contado y que forman parte de su historia.

Playa de Oro, en su decisión de mantener la vida y la economía a través de su relación cercana y profunda con el bosque y el río, ha puesto alto a ofertas de explotación forestal, por más discurso sustentable que tengan. Para ellos y ellas el bosque es mucho más que la suma de metros cúbicos de madera. Es una conexión entre lo visible y lo invisible, la riqueza material y la espiritual.

Pesca con atarraya en el río Santiago. Foto: @EduLeon, Fundación ALDEA, 2019.

“Desde niños nos enseñaron que el bosque hay que cuidarlo, respetarlo. La gente ha venido ordenando el bosque, hemos hecho planes de manejo, censos, y si alguien quiere cortar un árbol, pide permiso al Cabildo. Hoy, la gente ya no tiene interés de estar comercializando la madera” (Manuel Ayoví).

Las familias aprendieron que en el bosque y el río está la vida: sacan una atarraya y pescan “guaña”, mueven una roca a orillas de río y sacan el “camarón” y la “minchilla”, van al bosque y encuentran varios tipos de frutas y algunos animales para cazar. En las cascadas se reencuentran con la fuerza vital que les anima a seguir.

Guaña, pez que sirve para la alimentación. Foto: @EduLeon, Fundación ALDEA, 2019.

Las mujeres aprendieron a playar en el río, con nada más que su batea de madera y recipientes donde recogen la arena con oro. Aprendieron que en el “estero de los remedios” deben ir a bañarse luego de dar a luz, para recuperarse y protegerse. Saben con qué plantas preparar los “beberizos” (2). Aprendieron por experiencia propia que en la ciudad la vida se desarrolla en un ambiente poco saludable donde se diluye la comunidad, como lo relata Mélani Padilla (19 años).

Playa de Oro sostiene la vida a pesar de las amenazas que le acechan. La minería avanza a ritmos vertiginosos, aguas arriba por las dos orillas del río Santiago, y se acerca peligrosamente hacia su territorio. Mientras aguas abajo por ese mismo río, donde se ha perdido gran parte del bosque, la madera fluye como única fuente de ingresos para las comunidades que rodean a Playa de Oro.

Sueños desde el bosque

Las familias de Playa de Oro han ido explorando opciones para diversificar su economía y sueñan con desarrollar la piscicultura, con tener criaderos de camarón de río, sueñan con desarrollar el turismo comunitario para lo cual tienen, desde hace años, toda la infraestructura y la formación. Playa de Oro sueña con procesar el cacao que produce y sueña en construir una escuela de cuidadores y cuidadoras del bosque. Las mujeres sueñan con tener opciones para estudiar y quedarse en su tierra, para que sus hijos e hijas no tengan que emigrar.

Mujeres de Playa de Oro, recorrido por el territorio. Foto: @EduLeon, Fundación ALDEA, 2019.

El bosque y el río se cuidan también a ritmo de marimba, bombo, cununo y maraca, instrumentos con los que entonan los arrullos, chigualos y parrandas que, como mantras, evocan lo que ellos y ellas saben: que en el bosque y el río fluye la vida, no solo para Playa de Oro, sino para la toda la humanidad.

El Proyecto Estratégico: promover el reconocimiento de territorios de vida (TICCA) forma parte de la Iniciativa Mundial de Apoyo a los Territorios Conservados por Pueblos Indígenas y Comunidades Locales PNUD/ PPD/GEF (GSI). Es ejecutado por la Fundación ALDEA por encargo del Programa de Pequeñas Donaciones de Naciones Unidas y en coordinación con el Consorcio TICCA.

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(1) Tumaco, población del Chocó colombiano, frontera con el Ecuador.
(2) Preparados con diversas plantas que se les da a tomar a las mujeres que han dado a luz para limpiar por dentro.

Imagen principal : Guardabosques comunitarios. Foto: @EduLeon, Fundación ALDEA, 2019.